1 mes antes...
Un grupo de chicos salía de la Universidad de Aqua. Tres de ellos estudiaban historia contemporánea de las regiones, el otro filosofía. No hacía mucho frío, la temperatura de la región de agua no variaba mucho. Uno de ellos, se adelanto y se paró delante del grupo.
- ¡Fiesta en casa de Merian! ¿Sabéis lo que significa?
- Oh venga Ryo, hazte a la idea de que no vas a pillar. -dijo otro de los chicos.
- Muy gracioso Ben, esta noche te tragarás tus palabras. Os recojo a las diez en la fuente, en mi coche cabemos los cuatro.
Al decir aquello, todas las miradas se fijaron en un chico rubio que leía un libro. Su pelo era dorado y ligeramente rizado en las puntas.
- Sabéis mi respuesta. -dijo si tan siquiera levantar la vista de las páginas.
- ¡Es la fiesta del siglo! -Ryo se colocó delante de él impidiéndole el paso.- Venga Deryk, ve y si no te gusta te vas, pero ve al menos...
- Ryo parece que no lo conocieras. No iría ni aunque le pagáramos.
Deryk sonrió ante el comentario de Jyo, pero por la única razón de que era verdad.
- Chicos, yo me voy a casa. Pasadlo bien y Ryo, todos sabemos que no vas a pillar.
No le gustaban las fiestas. Salir en general tampoco. ¿Qué tipo de diversión encontraban los demás en salir para emborracharse si a la mañana siguiente no se iban a acordar de nada? Por no hablar del tema amoroso. O más que el amor el sexo. Sus amigos no hablaban de otra cosa, aunque con razón. Ben y Jyo tienen novia, a él no le interesa nada de eso, por lo que Ryo es el único que queda "soltero". No lo lleva bien, y no hace más que planear como conquistar a la famosa Merian.
A él no le interesa nada. La mayor parte del tiempo la pasa leyendo absorto en todas las cosas que unas páginas le podían enseñar. La filosofía y la psicología le apasionaban. Estaba llegando a su casa, así que guardó el libro en la mochila. Su familia no era muy importante, pero su padre sí. Era economista, y llevaba asuntos económicos de familias importantes, como la de los Sewate. Había asisto a los bailes de esa familia, pero siempre obligado por sus padres.
Al entrar, colgó su chaqueta y se dirigió al salón. Eran las cuatro de la tarde y su madre estaba tomando el té con una vecina.
- Buenas tardes.
- Deryk, cariño, ¿qué tal en la universidad?
- Bien madre.
- Por cierto, recuerda que dentro de tres semanas vuelves al campamento.
- No lo olvidaré.
- ¿Y el examen de filosofía que tuviste la semana pasada? Te daban la nota hoy ¿me equivoco?
- Un nueve y medio.
- La próxima vez consigue un diez.
- Claro.
Subió a su cuarto para dejar la mochila y volvió a sacar el libro. Miró el reloj. Ya iba un poco tarde, si dormía ahora luego tendría el tiempo necesario para el deporte. Se quito los zapatos y la camisa, dejándola perfectamente doblada sobre su silla. Se tumbó en la cama y después de un rato, quedó profundamente dormido.
Se despertó de golpe, respirando fuerte y sudando. Cada vez soñaba aquello con más frecuencia y siempre se despertaba alterado. Se sentó en la cama llevándose las manos a la cabeza para calmarse. Miró el reloj. Le daba tiempo, si salía a correr como solía hacer conseguiría despejarse. Cambió los pantalones de vestir por uno de deporte gris, y se puso una camiseta blanca. Cogió la mochila pequeña, donde llevaba una botella de agua, una brújula y un kit de emergencia. Mejor prevenir que curar. Bajó las escaleras y buscó a su madre. Parecía que la casa estaba vacía, así que dejó una nota diciendo que iba a correr y salió. Aún tenía en mente el sueño que tantas veces le había visitado por las noches, aunque últimamente era cada vez que cerraba los ojos. Le tenía preocupado. Por eso cogió un camino diferente al que hacía siempre.
Todas las tardes salía a correr y iba hasta el lago de los hipocampos. La mayoría de las veces se sentaba en la orilla a leer, aunque muy de vez no se resistía a meterse en el agua y nadar con los hipocampos hasta el mar común. Esta vez su plan era diferente. Tardó un poco más en llegar, pero pronto tuvo delante suya el lago de las Ondinas. Nunca se había interesado por ellas, sabía que eran muy traviesas y eso le atraía poco. Más de una vez había escuchado a sus compañeros hablar sobre lo buenas que estaban, pero tampoco le importó. Sin embargo si que recordaba una cosa, por la cuál estaba allí en ese momento. Se rumorea que las ondinas pueden predecir el futuro. Él pensó que eso era una estupidez, pero necesitaba comprobar una cosa. Soñar una y otra vez con la destrucción de las 4 regiones había acabado por preocuparle.
Dejó la mochila y se arrodilló en la orilla del lago. No sabía muy bien si sumergirse o esperar, a las ondinas debía de tratarlas con cuidado. Mientras pensaba en como llevar a cabo su encuentro, una mano salió del agua, agarrándolo del cuello y arrastrándolo hacía las profundidades del lago. Se sorprendió al principio, pero recordó que debía mantener la calma. Notó como abría sus branquias, al menos podía respirar debajo del agua. De repente se encontró en lo más profundo del lago en la más completa oscuridad. Ni rastro de la ondina que le había sumergido. Poco a poco, empezó a ver luces y distinguió las figuras de varias ondinas. Pronto las luces que portaban en sus manos eran tan potentes, que las pudo ver perfectamente. Hasta a él, que no le importaba el tema de las mujeres, las ondinas le parecieron muy hermosas. Una de ellas se acercó a él, tanto, que sus narices se rozaban. Si hubiera estado fuera del agua, Deryk sabía que estaría respirando muy fuerte. La ondina le acarició el rostro y luego retrocedió, uniéndose al circulo que habían formado las otras ondinas alrededor de él.
"¿Qué has venido a buscar, Deryk Courant?"
Deryk se sorprendió. Había escuchado la voz de una ondina, pero ninguna había abierto la boca y el sonido no parecía venir de ninguna parte. Lo escuchaba en su cabeza.
- Hay... un sueño...
"Sí, podemos verlo. Una pesadilla más bien. ¿Qué ocurre?"
Le resultaba desconcertador escuchar las voces en su cabeza, pero tuvo que centrarse.
- Quería saber...si ese sueño... bueno, si es solo un sueño...
De repente las ondinas desaparecieron, dejándolo en la más completa oscuridad de nuevo. Había sido todo muy extraño y se estaba arrepintiendo de haber acudido allí. Cuando pensaba nadar hacia la superficie, noto un cuerpo pegado el suyo. Una nariz rozando con la suya.
"Todo es real."
Luego escucho una risa, más tarde varias, y luego silencio. Solo silencio. Nadó hasta la superficie y al salir se sentó en una roca cercana al lago. Sus ropas estaban empapadas y así no podía volver a casa. Acababa de estar con las ondinas y una de ellas había dicho que todo era real. Acababa de estar en las profundidades del lago, acababa de salir totalmente empapado. Sin embargo, Deryk estaba sudando.
0 comentarios:
Publicar un comentario