Mi Sirena...

-Artaith querida ¿estás listas?-La madre de la chica entró en la habitación sin llamar.
-Sí, mamá, ¿Qué tal estoy?-Artaith dio una vuelva sobre sí misma.
Llevaba un vestido amarillo ajustado, unos guantes por encima del codo del mismo color y unos tacones negros al igual que la rebeca que llevaba de manga corta en la parte de arriba, su madre miró con mala cara esta última prenda.
-¿No crees que estarías mejor sin rebeca? O mejor ¿Por qué no te pones la blanca?
-No mamá, me he puesto el vestido que tú me has comprado y me gusta el negro así que tengo que llevarlo sí o sí.
-Está bien…anda vamos, nos están esperando abajo, hay personas de todas las regiones.
-Espera, la máscara-Artaith cogió su máscara amarilla decorada como si fuera una mariposa y salió con su madre de la habitación.
Este tipo de fiestas no le gustaba a la muchacha de catorce años, era totalmente tímida y le costaba mucho relacionarse con las personas así que solo asistía por sus padres, porque creían que era lo correcto, pero estaba segura que si estos la dejaran se pasaría toda la noche en su habitación leyendo libros de amor mientras escucha música o pasaría la noche en el lago de las sirenas, siempre le había gustado estar con ellas. Al menos en esta fiesta podía ocultar parte de su rostro por ser un baile de máscaras.
En el salón las personas se iban mezclando entre seres de regiones diferente, algunas sin saber con quién se estaban relacionando en realidad ya que sus rostros quedaban ocultos, un chico de 21 años estaba hablando con Matthew Sewate, el hombre que había organizado esa fiesta.
-Sí, conocí a tus padres, lamento mucho su pérdida Aidan.
Pero el chico dejó de escuchar cuando sus ojos se centraron en quien estaba bajando la gran escalinata que había en ese salón donde estaban todos reunidos con música clásica de fondo, por ella descendía Claire Sewate, la mujer de Matthew, pero la chica que estaba al lado no la conocía y era una de las más bellas que había visto en su vida, como si acabara de salir del lago de esas criaturas donde con solo cantar te hipnotizaban, ¿sería la hija de los Sewate? a ellos los había visto y los conocía de un par de veces que habían ido a la región del fuego a alguna fiesta donde él había asistido en representación de sus padres, desde que había cumplido 18 años hacía la función de sus padres muertos cuando él solo tenía 7, desde entonces había pasado toda su vida en casa de sus tíos a los que odiaba y en cuanto tuvo la mayoría de edad se fue de la casa de estos buscándose su vida como pudo.
-¿Chico te encuentras bien?-Matthew le puso una de sus manos en el hombro.
-Sí señor, no se preocupe, algo ha llamado mi atención.

La mujer junto con la chica se acercaban hacía ellos, Aidan poso sus ojos en ella, sería una chica de las que últimamente se llevaba a la cama y no la volvía a llamar nunca más, ni siquiera recordaba el nombre de muchas de ellas, ¿de verdad lo sería? No, se dio cuenta cuando ella lo miro, tenía unos ojos preciosos, nunca trataría a esa princesa como una cualquiera.
-Matthew cariño, ya estamos-Claire le dedico una bonita sonrisa a su marido y cuando este se giró contemplo a su hija.
-Artaith cariño estas preciosa-la chica se sonrojó y sonriendo bajó la mirada.-Claire, recuerdas a Aidan ¿Verdad?
-Como olvidarlo.-Claire intentó sonreírle, pero es obvio el desagrado que sentía hacia ese chico, su fama era conocida, mujeriego y mete bocas que cada dos por tres estaba metido en una pelea, no, no le gustaba ese chico para nada y cuando antes se quitara de su vista mejor.
-Artaith este es Aidan Fuecourt-La chica lo miró con timidez, Aidan cogió su mano y le dio un tierno beso en ella, Artaith se sonrojó aún más si cabía, para colmo lo único que vio de ese chico la había dejado medio anonadada, sus ojos eran preciosos.
-Artaith cariño, ven, vamos a tomar algo.
Claire paró esa escena llevándose a su hija lejos de ese chico, se había dado cuenta de cómo él la estaba mirando y no estaba dispuesta a dejar que su pequeña de tan solo 14 años cayera en las manos de un mujeriego que le rompería el corazón.  Se dirigieron hacía  la mesa donde estaban unos aperitivos puestos y Artaith cogió un trozó de caviar, su madre le miró con una sonrisa.
-Voy a seguir saludando a los invitados hija, ¿te importa si te dejo sola?
La chica negó con una sonrisa, ya estaba acostumbrada a quedarse sola en esas fiestas así que no le importaba.
Claire le dio un beso a su hija en la mejilla y se fue acercando hacia donde estaba su marido hablando con uno de los matrimonios más conocidos de la región de tierra, pasó por al lado de Aidan, el chico le sonrió seductoramente, como si estuviera burlándose de la mujer, el chico conocía que prácticamente lo odiaba y encima hacía lo posible porque ese odio fuera hacia más, la mujer lo ignoró completamente para seguir su camino.
Aidan se fijo en Artaith, estaba en la mesa de aperitivos viendo cual sería su próximo bocado, Aidan se arregló su traje y comenzó acercarse a ella, la cogió por los brazos pillándola desprevenida y haciendo que se sobresaltase pero no intento soltarse, pegó sus labios a su oído.
-¿No le enseñan a las criaturas como tú que no deben de salir de su lago porque son peligrosas?-la verdad que ni siquiera había pensado lo que había dicho, lo había soltado y punto.
-¿Cri-criatura como yo?-si ya de por si la chica era tímida que un chico al que no conocía la asaltara así no ayudaba para nada.
-Sirena, bella criatura de los mares que cautivan con su belleza sobrenatural y sus hermosos cantos…
La liberó y Artaith se dio la vuelta para ver quién era el que la estaba seduciendo, ¿sabría que solo tenía 14 años? Se fijo en los ojos del chico, los mimos que antes, el tal Aidan la acorraló contra la mesa disimuladamente.
-No soy una sirena-¿no soy una sirena? ¿Eso es lo que se te ocurre decir? Pensó la chica, pensaría que era tonta o algo pero sin embargo el chico se rió mientras que comenzaba una nueva canción.
-¿Me concede este baile señorita Sewate?-el chico le tendió su mano y Artaith la miró.
-No creo que sea adecuado…no te conozco.
-Yo tampoco a ti y aquí estoy arriesgándome, ¿quién me dice que no me vas a ahogar con tu elemento?-las perspicacia del chico hizo sonreír a Artaith, era extraño, estaba cómoda con él, como si lo conociera de toda la vida.
Cogió la mano de Aidan y este con una sonrisa que derretía hasta a la más dura la llevó al centro del salón mientras que comenzaban a bailar pegados, las manos del chico en la cintura de ella hacía que la respiración de la chica se acelerara, sus labios eran de los más tentadores y su mirada de lo más atrayente.
-¿Estás segura que no eres una sirena?
-¿Estás seguro de que quieres seguir bailando con una niña de 14 años?
La sorpresa pasó por Aidan, aparentaba mucho más de lo que tenía, todo el mundo estaría cuchicheando ahora sobre ellos, el famoso mujeriego Aidan Fuecourt, un chico de 21 años bailando con la hija del anfitrión de la casa de solo 14 años.
-Sí, estoy seguro.


2 años después…

-Si mis padres descubren que he pasado toda la noche contigo me matan-comentó Artaith con una sonrisa.-Bueno, en realidad, me matarían si se enteraran de que he pasado la mayor parte de mis días contigo.
-S, ¿no te cansas de hacer siempre lo que dicen tus padres?- preguntó el chico apoyándose en la esquina, al doblar la próxima se encontraba el castillo de Aqua, el hogar de la chica.
-Aidan, ¿no te cansas de saltarte siempre las normas?
-empate-sonrió Aidan.-¿nos vemos mañana a la misma hora?
-¿otra vez? Creo que mis padres van a dejar de creerse que voy a cuidar a los sealkies.
-Por favor S…te daré una vuelta en Granger-ese era su dragón, el que siempre usaba para ir a verla.
-Aidan creo que podrás sobrevivir un día  sin mi ¿no crees? Desde que nos conocimos en esa fiesta que monto mi padre hace dos años no hemos pasado un día separados ¿te has dando cuenta?
-Ya sé que no puedes vivir sin mí.
Artaith abrió la boca y le dio un pequeño puñetazo en el estómago al muchacho, él se rió y antes de que pudiera darle otro la cogió por las manos, se quedaron mirándose a los ojos un rato.
-Gracias…-dijo Artaith.
-¿a qué viene eso?
-A que tú me has apoyado cuando nadie más lo ha hecho, cuando me he enfadado con mis padres ahí estabas tú, cuando las chicas del instituto me miraban mal por mi estilo ahí estabas tú para decirme que era genial, cuando estaba enferma ahí estabas tú colandote en mi habitación de madrugada para cuidarme...si no hubiera sido por ti…
-Oh, vamos, S ¿Te vas a poner ñoña ahora?-En realidad solo había dicho eso para seguir fiel a sus principios aunque le encantaba oír como la chica había llegado a ser lo que era hoy en parte por él.
Una fantástica chica delicada de melena corta, aunque siempre lo había querido largo, ya le crecería, ojos preciosos y que la tenía loco desde que bajo las escalinata de su casa y ella no lo sabía, ella no sabía que si decía que la llevara al fin del mundo la llevaría.
-Vale, ya paro…voy a entrar en casa antes de que mis padres llame a los guardias… ¿hasta mañana?-preguntó la chica.
-Hasta mañana-asintió el chico.
Artaith le dio un beso en la mejilla y comenzó a dirigirse hacia el castillo, Aidan observaba cada uno de sus movimientos, se había puesto impresionante, ya no era la niña de 14 años que había sido su amiga, ahora era casi una mujer hecha y derecha, ¿la iba a dejar escapar esa noche de nuevo? ¿Iba a desaprovechar de nuevo la oportunidad como noche tras noche? No, a él no le importaba la edad, le daba igual lo que pensaran los demás, la quería y punto así que dando grandes zancadas la cogió por el brazo y la volteó y sin darle tiempo a que ella reaccionara poso sus labios sobre los de ella, mientras que esperaba que le diera el guantazo de su vida para su sorpresa la chica le envolvió el cuello con sus brazos y él al ver que no se retiraba la besó con más pasión si cabía envolviéndola con sus brazos por la cintura, las mariposas que había sentido desde la primera vez que vio a una niña aumentaron revolviéndole el estómago, revoloteaban dentro de él sin parar, nunca había experimentado nada igual, Artaith era especial en todos los sentidos.
La chica se separo resignada, estaba claro que no quería pero era como si se acabara de acordar de algo.
-Tienes 23 años…
-y tú 16, sabemos nuestras edades, perfecto-el chico iba a besarla otra vez pero ella retiro su rostro.
-Siete años Aidan…soy una niña.
-No lo eres, no me importa la edad, demasiado he esperado ya porque si por mí fuera te hubiera besado en el baile de máscaras, pero ahí sí que eras una niña.
-Mi amigo…mi cómplice… ¿mi novio?- el chico se rió ante las palabras de la chica y la beso de nuevo, esta vez más relajado, sintiendo cada centímetro de sus labios y acariciando su cintura por encima del vestido que llevaba, ya era suya, no la iba a dejar escapar, le pertenecía, su sirena le pertenecía, porque lo que ella no sabía es que en realidad no le llamaba S por su apellido, si no por la palabra sirena, porque para él era una, era la suya…


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Cantos de Sirena

Hace tres meses…


El suave viento le acariciaba el rostro, unas pequeñas gotitas de agua le estaban salpicando y empezó a escuchar unas risas encantadoras, abrió los ojos lentamente saliendo de su profundo sueño y se fijó que estaba tumbada a la orilla del lago de las sirenas, Artaith tenía la ropa empapada de haber pasado la noche entera medio metida en agua, un movimiento hizo que lo poco que le quedaba seco de su cuerpo quedara totalmente mojado, vio una cola metiéndose rápidamente en el agua, sirenas, pocas veces te dejaban tranquila.
La chica rubia se puso en pie y se sacudió la arena de su ropa totalmente negra, no sabía de dónde había sacado ese estilo pero rara era la vez que no llevaba algo negro consigo. Vio su reflejo en el agua y se dio cuenta de que tenía todo el maquillaje corrido, perfecto, ¿Cómo se podía haber quedado dormida? La noche anterior solo había ido a pasar un poco de tiempo con las sirenas después de la pelea con sus padres y se había quedado dormida, nunca le había pasado y sus padres estarían llamando ya a la policía de Aqua.
-Gracias por no despertarme ¡eh!-le recriminó a una de las sirenas que se encontraban en una de las rocas cerca de la cascada.
Las sirenas eran bellísimas, pero también mortales, aunque Artaith y normalmente todos los seres de agua conectaban con ellas, no hablaban, sin embargo emitía unos cantos preciosos, podrían dejar hipnotizado a cualquiera que no fuera de agua, la sirena le miró con mala cara e ignorándola se zambullo en el agua, olvidaba que también eran ariscas.
Comenzó a andar casi corriendo hacía su casa, más bien, hacía su castillo, atravesó los pequeños bosques de la Región de Agua, para colmo, el lago de las sirenas era el que más alejado estaba, hasta llegar a la ciudad de Aqua, la gente comenzaba a salir a la calle, aunque no había demasiada aún, así que Artaith dedujo que no serían más de las ocho de la mañana.
Cuando llegó, uno de los guardias de la puerta miró con extrañeza sus pintas, aunque no dominara muy bien el aire ya podría haberlo utilizado para secarse, pero no tenía tiempo y ese guardia no era nadie para juzgarla así que abrió la gran puerta sin decir una palabra.
Artaith entró y comenzó a dirigirse lo más silenciosamente posible hacia la gran escalinata, pero no hubo suerte ya que unos tacones comenzaron a resonar hacia su dirección, cerró los ojos al escuchar los gritos de su madre.
-¡Deja de reunir guardias Matthew la niña ya está aquí!-Artaith se dio la vuelta lentamente y se encontró con su madre de brazos cruzados y a su padre detrás de ella, los dos la estaban asesinando con la mirada-¿De dónde vienes con esas pintas? ¡Ay! dios mío…nos vas a dar un disgusto un día de estos ¿Qué habrá pensado la gente al verte así? Ve arriba y cámbiate de ropa y ni se te ocurra salir de tu habitación, estas castigada, encima de la discusión que tuvimos ayer pasas la noche con él…
-¿Qué? ¿Qué tiene que ver Aidan en todo esto?
-Mis guardias me han informado que ayer se le vio por la ciudad, no desobedezcas a tu madre y sube a tu habitación por favor.-dijo su padre dando por terminada la conversación.
La noche anterior sus padres se habían enterado de la relación que tenía con un chico de la región del fuego, ellos aún la veían como una niña, no quería que tuviera pareja a pesar de tener ya 19 años, eran demasiado sobreprotectores e incluso la querían demasiado, sus padres siempre habían sido cariñosos aunque cuando un chico se mete por medio, cambian totalmente, menos mal que solo se habían enterado de que salían que si llegan a enterarse de los demás…
Abrió la puerta de su habitación y después de cerrar se quitó la camiseta tirándola encima de la cama, al oír que no había hecho ningún ruido al caer miró hacia la cama confundida para encontrarse con su chico, con el morenazo de ojos azules que la miraba con una sonrisa seductora en los labios, salían desde que ella tenía 16 años, no solo eran novios, también eran amigos y cómplices. La chica comprobó que la puerta estaba bien cerrada y se quedó mirándolo.
-¿Qué haces aquí?
-Puedes continuar.-dijo levantándose de la cama y acercándose a la chica-¿Quieres que te ayude?
Depositó un beso en sus labios mientras que posaba sus manos en la fina cintura de ella acercándola a él, el beso fue aumentado la temperatura y se introdujo en su boca, se fundieron en juego de lenguas incontrolable que si no lo pararan terminaría en algo más.
-Aidan…mis padres…-dijo como pudo mientras que el chico bajaba sus labios hacia su cuello, a Artaith se le escapó un pequeño gemido y el chico sonrió-Aidan para…-lo retiró como pudo aunque en realidad quería que siguiera, que no parara nunca. –Sabes lo que pienso de desobedecer a mis padres.
-¿Te han dicho que no te puedes acostar conmigo?-sonrió.
-No pero…
-Pues si no te lo han dicho no desobedeces, lleva un poco el control de tu vida cariño.
Se quitó la camiseta que llevaba y la tiró al suelo a la vez que empotraba a la chica contra la puerta mientras la besaba con pasión, la levanto del suelo y ella envolvió la cintura de él con sus piernas, sus lenguas jugaban a envolverse una y otra vez sin descanso, el chico estaba ardiendo, literalmente, su cuerpo se había puesto hasta un poco más rojo de la tensión que se estaba acumulando en una zona de su cuerpo, pero eso Artaith ni lo noto, además, era un ser de agua, podía controlar el fuego.
Aidan la llevó hasta la cama y la tumbo poniéndose él encima, le encantaba llevar el control, pero Artaith necesitaba liberar su enfado con sus padres, así que se subió encima de él y comenzó a besarle el pecho bajando lentamente hacía el abdomen de él. Cuando llegó al filo de sus pantalones los desabrochó y se deshizo de ellos.
-Quien juega con fuego se quema…te vas a quemar S…-dijo el chico riéndose, la llamaba así por su apellido.
-Soy de agua, eso es imposible.-La chica metió la mano en la zona prohibida y Aidan dejó escapar un leve gemido entre sus labios, menos mal que su habitación estaba en la última planta y tenían por orden de ella terminantemente prohibido subir sin su permiso.
-Te quemaste-dijo el cogiéndola y llevando de nuevo el mando, le quitó los pantalones rápidamente y lo que quedaba de su ropa interior, la miró a los ojos y ella asintió, siempre pedía permiso antes, Aidan era un caballero aunque pareciera peligroso y por eso a sus padres no le gustara, aparte de que también conllevara el hecho de que tenía 26 años.


Artaith estaba asomada en su balcón, observando el Mar Común, allí estaba Wander, su hipocampo, jugando con un par de ondinas que habían salido de su lago, las ondinas entonaban una canción alrededor de él como si estuvieran jugando al coro de las patatas y Wander relinchaba divertido.
La chica sintió unos firmes brazos rodeándole por detrás, ella solo tenía una fina manta cubriendo su cuerpo, Aidan ya se había vestido, el chico besó la nuca de ella haciéndo que se le erizara el cabello. Tenía que decírselo, antes de que él se enterara por otra persona tenía que decírselo.
-Aidan… ¿Qué haces en Aqua? Te deje un mensaje de que anoche se lo diría a mis padres…
-Lo sé, pero eso quería estar contigo hoy.
-No se lo han tomado muy bien, te odian prácticamente.
-No me importa lo que piensen tus padres, te quiero y eso es lo que importa Artaith…
-Sabes que no me gusta desobedecer a mis padres Aidan…
El chico comenzó a saber por qué camino iba la conversación, se estaba enfadando, su cuerpo se iba volviendo rojizo poco a poco y esta vez por una situación muy diferente a la de antes. Artaith bajó la cabeza.
-¡No te voy a dejar!¡No porque tus padres quieran!-gritó el chico sin importarle que pudieran escucharlo.
-Voy al volver al campamento…
Aidan odiaba ese campamento y nunca le había dicho por qué, siempre lo había mantenido en secreto y no le hacía gracia que ella fuera a él solo porque le gustaba o más bien, porque sus padres la mandaban.
-¿Otra vez?
-Puedes venir a verme…
-No Artaith, estoy harto de que hagas siempre lo que dicen tus padres, ya no eres una niña, está bien, vuelve al puto campamento, hazle caso a tus papis y olvídate de mí, ¿Soy peligroso no?-el chico silbó fuertemente y a los pocos segundos un gran dragón rojo se plantó ante ellos, el chico pegó un salto y se montó encima de él.
-Aidan, espera…
-Dime que me quieres, dime que me quieres aunque tus padres no me quieran para ti y me quedaré…-La chica se lo pensó un rato…no podía desobedecer a sus padres, ya le había defraudado bastante la noche anterior, así que bajó la cabeza mientras que una lagrima recorría su mejilla-Perfecto, pásatelo bien el campamento S.
El dragón comenzó a mover sus alas como si también estuviera furioso, como si Aidan se lo hubiera transmitido a él y desapareció en el cielo en cuestión de segundos.
¿Y si Aidan tenía razón? Cada vez perdía más cosas por culpa de hacer siempre lo que decían sus padres…por ser una niña buena, ¿y si dejaba de serlo? ¿Y si comenzaba a tomar sus propias decisiones? Quería a sus padres, y no dejaría de hacerlo,  pero necesitaba crecer de una vez por todas.
Se dirigió hacía su armario y cogió un vestido negro roto por ella para que fuera más de su estilo y por primera vez desobedeció a sus padres, se dirigió al balcón y saltó la barandilla cayendo al mar común, bastante profundo por esa zona, a los pocos segundos Wander se encontraba ante ella debajo del agua, comenzaba a necesitar el aire así que dejó salir sus branquias y después de decirle a su hipocampo con la mirada que no lo necesitaba y no se preocupara dejo salir también su especie de cola, comenzó a nadar lo más rápido que pudo hacía el lago de las sirenas, cuando llego se sentó en una de las rocas y una con el pelo morado se acercó hacia la chica cogiéndole de la mano, eso en su idioma era como ’’¿Qué ocurre?’’. Artaith se encogió de hombros, no quería dar explicaciones, solo quería pasar el tiempo con ellas, con la única que la entendían, con las sirenas, estas comenzaron a emitir un precioso canto y Artaith cerró los ojos para relajarse mientras que cantaban para ella.


``Te espero esta noche en el bosque al lado del lago de los sealkies, tenemos que hablar’’
Aidan le había mandado ese mensaje después de comer, así que después de convencer a sus padres de que solo iría a pasar rato con estas criaturas y que había cortado con Aidan la dejaron. Seguramente porque en realidad la mimaban tanto que no podían soportar ver a su hija encerrada, seguramente porque no sabían que esa mañana se había acostado con un chico para luego cortar con él y seguramente porque no sabían que después de cortar con él le había desobedecido saliendo de casa.
Se encontraba sentaba haciendo volar unas hojas utilizando el elemento del aire, no sabía hacer mucho más, pero todo era cuestión de aprender, las hojas de repente comenzaron a arder en el aire, Aidan había llegado…
La chica levantó el rostro y lo vio, tan apuesto como siempre, el chico tenía las manos metidas en los bolsillos después de haber quemado las hojas.
-¿Por qué querías hablar conmigo?-preguntó Artaith enfadada-esta mañana me has dejado claro que si elijo a los demás antes que a ti me mandas a la mierda…-Aidan se rió.
-S…S…Puede que no me guste que vayas a ese campamento y puede que odie que dependas de tus padres y puede que para dejar de discutir lo mejor sea que no sigamos juntos pero…no solo eras mi novia ¿Recuerdas? Una vez lo dijimos.
-Mi amigo…mi cómplice…mi novio-Artaith recordó las palabras que dijo cuando empezaron a salir, pusieron la amistad por encima de su relación-eso quiere decir que…
-¿Amigos?
-¿En serio?-Aidan asintió.-voy a ir a ese campamento sí o sí,  y lo de mis padres…ya veremos.-Aidan asintió estando de acuerdo.-Amigos.
Los dos cómplices se rieron y se fundieron en un abrazo, lo que ellos no sabían era que si quienes fueron amantes hoy en día son amigos, o es que siguen enamorados o es que nunca lo estuvieron.
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Viento al atardecer

2 meses antes...



Se levantó de la cama muy sigilosamente. Miró el reloj. Eran las 5 y media de la mañana. Estaba desnuda, y se fue vistiendo a medida que encontraba su ropa por diferentes partes de la habitación. No se puso los zapatos, pues aún tenía que andar hasta la puerta y no quería despertar al chico moreno que dormía en la misma cama de la que ella se acababa de levantar. Fue al cuarto de baño para peinarse un poco, aunque fue complicado con la luz apagada. Una vez tuvo todo recogido, se quedó mirando al chico que dormía plácidamente. Sí, había sido una buena noche.
Salió a la calle que se encontraba desértica, ¿quién saldría un Sábado a las 6 menos cuarto de la mañana a dar un paseo? Se sorprendió al cruzarse con un chico que parecía un poco mayor que ella. Era rubio y caminaba lentamente, como si no tuviera prisa. Pero ella si la tenía, por lo que que aceleró el paso. La niebla estaba volviendo y soplaba una suave brisa. Todas las tiendas y los bares, estaban cerrados, menos una cafetería. No se sorprendió de verla abierta, ya había estado antes a la misma hora la semana pasada, y la anterior, y la anterior...
Al entrar no había nadie detrás de la barra, pero se escuchaba ruido en la cocina. En la encimera había un café, que parecía bastante caliente. Se sentó en un taburete, abrió el sobre de azúcar, lo vertió en el café y lo removió bien. Le pegó un sorbo al café. Quemaba, pero era lo que necesitaba ahora, despejarse. De la cocina salió una chica joven con una bolsa de pan.
- Me estaba preguntando ya cuándo vendrías.
- Me he quedado dormida, estaba cansadísima.
- Pues sí que ha tenido que ser una buena noche ¿no?
Ella no respondió. Se limitó a esbozar una sonrisa y darle otro sorbo al café. Miró el reloj de nuevo. Tenía poco tiempo. Se terminó el cafe y se dirigió detrás de la barra, donde Keyla estaba cortando pan para hacer tostadas. 
- ¿Dónde la has puesto Keyla?
- Debajo de la caja registradora. 
Miró donde le había indicado y allí encontró la mochila que le había dejado el día anterior. Se metió en el cuarto de baño. Si bien la chica que había entrado en el cuarto de baño llevaba una falda corta, unas medias de rejilla, unas botas, una camiseta semi-transparente y maquillaje de fiesta, la que salió era totalmente diferente. Se había lavado la cara, puesto unos pitillos vaqueros, botines y una sudadera. 
- ¿Qué tal? -dijo levantando los brazos y dando una vuelta sobre si misma.
- Si quieres que te diga que parece que no has salido de fiesta y que no has tenido una noche alocada, entonces sí. Parece que te has quedado toda la noche estudiando como creen tus padres.
- Perfecto. -comenzó a guardar su anterior vestuario en la mochila.
- Un día te van a pillar, Aura.
Pero ella no la escuchó. Terminó de guardar la ropa y miró de nuevo el reloj. Las 6 y cuarto.
- ¡Maldición! Joder, joder, llego tarde. -se despidió de Keyla con un rápido beso en la mejilla.- ¡hasta la semana que viene!


Corrió por las calles de la Ciudad de los 4 Vientos, intentando que nadie la viera, pues ya había algunas personas mayores fuera de sus casas. La niebla, que empezaba a espesar, hizo posible su objetivo. Lo malo es que tenía que avanzar cuesta arriba, pues su casa se encontraba en la parte más alta de la ciudad. Notaba como el viento iba aumentado a medida que se acercaba a su casa. Se encontraba ante el castillo de la Ciudad de los 4 Vientos. Bueno, más que un castillo era una mansión, pero poseía torres muy altas que recordaban a un castillo. Ahora tenía entrar. Lo bueno es que no había guardias vigilando el castillo, ni fosos ni cosas de esas que Aura leía en los cuentos de pequeña. Aún así prefería no entrar por la puerta principal. Se aseguró de que no había nadie por los alrededores, no le gustaba que la vieran así. Cerró los ojos para concentrarse y al abrirlos, por su sombra pudo ver que sus alas estaban al descubierto. Se elevó con un salto y se dirigió hacía una de las torres más altas de la mansión. Se posó en el balcón y empujó la puerta. Estaba abierta, como la había dejado el día anterior. Una vez dentro, las alas desaparecieron. Escondió la mochila con la ropa debajo de la cama, cogió unos cuantos libros y los dejó abiertos en la mesa. Deshizo la cama, y dejo el pijama tirado encima de ella. Luego se sentó en la mesa, sacó un rotulador y comenzó a subrayar aleatoriamente. Sabía que no tenía que esperar mucho, y así fue, porque al poco rato alguien llamó a la puerta.
- Adelante.
Una mujer, que podría rondar los cuarenta años, entró en el cuarto. La miró con dulzura.
- Cariño, es muy temprano ¿por qué todos los Sábados te despiertas a estas horas?
- Los estudios mamá, si aprovecho bien la mañana, tengo la tarde libre.
- Esta bien -sonrió.- el desayuno estará listo en un rato, baja cuando quieras.
- Vale mamá.
Y salió del cuarto. Cuando Aura se aseguró de que no iba a volver, se levantó del escritorio y se tiró en la cama. Estaba cansadísima, aunque el café le había dado fuerza suficiente. Recibió un mensaje en el móvil. "Buenos días pequeña, me encantó la noche que pasamos ¿cuándo podrá repetirse? Besos preciosa."  Leyó el mensaje un par de veces más y luego lo borró. Esa noche nunca podrá repetirse. Había sido bastante buena dándole su verdadero número de teléfono. Miró su agenda hasta que encontró el nombre que buscaba. Envió un mensaje. "Tengo la tarde libre ¿dónde siempre? besos"  No tuvo que esperar mucho tiempo la respuesta. Sonriendo, se puso la ropa que había llevado antes y bajó a desayunar. Una vez abajo su madre le tenía preparado un vaso de leche y unas tostadas. Desayunó deprisa, pues quería echarse un rato. Eran las 9 de la mañana, muy temprano, pero así tendría unas 4 horas antes de la comida. Había terminado y quería dormir cuanto antes.
- Aura -la llamó su madre.
- ¿Sí? 
- Dom me ha llamado hace un rato. Ha tenido un improvisto, y se quedará en la Región de Fuego unos días más.
- Pues que pena -dijo ella mostrando todo lo que contrario a lo que decía.
- Más respeto Aura, que es tu padre.
- ¡Já! -Aura soltó una fuerte carcajada.- ¿Mi padre? Dom no es mi padre. ¡Ni siquiera es un ser de aire! No se porque te casaste con él.
- ¡Aura!
- Cuando se quede con todo el dinero de mi padre, podré decirte: "Te lo advertí". Estoy esperando ese momento, de verdad. ¿Que se queda en la Región de las llamitas más tiempo? ¡Genial! Ojalá no vuelva.
- Sube a tu cuarto, estás castigada. 
- Si, genial. Paso.
Aura subió a su cuarto y cerró la puerta de un portazo. Se tumbó en la cama y suspiró. Dom, Dom, Dom. Su madre nunca hablaba de otra cosa. Hacía 10 años que se había muerto su padre, es verdad que era muchísimo tiempo, pero nunca perdonará a su madre el hecho de que parecía que había olvidado por completo a su padre. Se puso los cascos y busco en su reproductor. No quería pensar en nada, no quería preocuparse por nada. Empezaron a sonar canciones de Hard Rock, una tras otra. Aura cerró los ojos. Su madre calificaba esa música como ruido, pero a ella la tranquilizaba. "Aprovecha el día o muere arrepintiéndote de el tiempo que perdiste."   Decía la canción que estaba escuchando en ese momento. Aprovechar el día. Estaba claro que aunque su madre la hubiera castigado, no se iba a quedar todo el día en su casa.


Estaba de pie en el balcón de su cuarto. Sus alas estaban desplegadas. Miró una vez más para atrás, y luego, emprendió el vuelo. No se sintió culpable por desobedecer a su madre. Nunca se sentía culpable por ello. El viento soplaba fuerte lo que dificultaba el vuelo, pero a Aura no le importaba, es más, le encantaba sentir el viento en su piel. Había muchos más seres de aire surcando el cielo, pero ella se limitó a volar lejos de esas personas. Pronto llegó al lugar en el que había quedado. Era una explanada a las afueras de la ciudad, cerca del bosque. Allí ya la estaba esperando ella.
- ¡Kayla! -dijo abrazándola. 
- ¿Cuál es el plan de hoy? -dijo ella correspondiendo al abrazo.
- No lo se, mi madre me ha castigado, así que mejor nos alejamos del pueblo...
- ¿Cómo? Aysh Au, no me digas que te han pillado volviendo del café.
- No no, solo le he dicho que Dom solo quiere el dinero de nuestra familia. No se por qué se lo toma tan mal.
- Nunca vas a cambiar.
Aura se limitó a sonreír. Observó los árboles, hoy el viento soplaba más fuerte de lo habitual.
- Oye Kayla, ¿qué te parece si vamos al acantilado del Norte?
- ¿Bromeas? Ahí el viento sopla demasiado fuerte como para volar bien.
- Veeeenga Kay -suplicó.- y te cuento la noche que he pasado con Jey. 
- ¿¡Jey!? ¡Oh dios mío Au! ¡¿Te has tirado al buenorro de Jey?!
- ¡Ssssh sssh! ¡Keyla! No lo grites. ¿Me acompañas entonces?
- Claro.
Las dos chicas alzaron el vuelo en dirección norte. Aura no tenía muchas amigas. Bueno, Kayla era la única amiga que tenía. Y eso que hacía poco que la conocía. Al principio, cuando no tenía los hábitos nocturnos que tenía ahora, solía buscar un lugar tranquilo en la ciudad para despejarse. Aquella cafetería resultó ser ese lugar. Tiene sillones muy cómodos y Aura solía ir más de una vez a la semana para tomar un chocolate y leer. Así conoció a Kayla. Sus padres eran los dueños de ese lugar y Kayla trabaja como camarera. Un día Aura estaba leyendo un libro y Kayla le trajo el chocolate que había pedido. Resulta que el libro que estaba leyendo Aura era el mismo que Kayla estaba leyendo. Se pasaron la tarde hablando, y después de esa tarde vinieron muchas otras. Luego Aura se tuvo que ir a un campamento lejos. Se echaron mucho de menos, pero hacía ya dos meses que había vuelto. Sin embargo, Kayla había notado muy diferente a Aura. Siempre había sido un poco rebelde, pero desde su vuelta del campamento, salía todos los Viernes y nunca dormía en su casa. Solía dormir en casas de chicos, lo preocupante es que nunca era el mismo. 
El viento soplaba cada vez más fuerte y las chicas tenían dificultad para volar. Pararon antes de llegar a su destino, aunque tampoco estaban tan lejos. Se sentaron en unas rocas para hablar.
- ¡Me encanta el viento! -gritó Aura.
- No me cambies el tema pillina y cuéntame como has acabado en la cama del tío más bueno del instituto.
Aura rió.
- Me lo encontré en un pub. La falda corta y la camiseta semi-transparente funcionaron. Contaba con la ventaja de que él no sabía quien era yo, pero yo si sabía quien era él.
- Normal, en el instituto se cotillea hasta que come cada día.
- Y tú me lo cotilleas a mi, eso es lo bueno. Pues nada, hablamos, bebimos, bailamos, bebimos más... luego nos fuimos del pub y más tarde se fue la ropa...
Ambas rieron. 
- ¿Y crees que podrías tener algo serio con él? -preguntó Kayla después de una pausa.
- ¿Bromeas? Ese tipo tiene un único amor: él. Y luego su reflejo en el espejo.
- Au, es que llevas una temporada que no se, podrías centrarte...
- ¿Para qué? Todos los tíos son unos capullos. 
Kayla sabía que con la frase "Todos los tíos son unos capullos" se refería a que Dahn era un capullo. Recuerda  a Dahn. Estuvo saliendo con Aura, lo sabía porque ella hablaba mucho de él al principio. Fue el motivo por el que decidió ir al campamento, para alejarse de la Región y todo lo que le recordase a él. Descubrir que te ponen los cuernos, no es muy agradable. Aura estuvo mal mucho tiempo y sus únicos consuelos eran Kayla y los libros. Ahora parecía haberlo superado, pero Kayla no veía bien sus nuevos comportamientos hacía los chicos. 
- ¿Cómo te va con Shail? -Aura pudo ver el triste rostro de su amiga y decidió cambiar de tema.
- Bien -respondió Kayla recuperando la sonrisa.- últimamente se pasa más por el café, pero he preguntado y resulta que solo aparece cuando estoy yo de turno.
- ¡Lo tienes loquito Kay!
- Bueno, todo se verá...
En ese instante sonó un móvil. Kayla respondió, y la sonrisa que le había producido el hablar de Shail antes se esfumó. Al colgar miró con cara triste a su amiga.
- Tengo que irme al café. Mi madre tiene fiebre y tengo que cubrirla. ¿Te acompaño a casa?
- No, me voy a quedar un rato más.
- Como quieras.
Aura observó como Kayla se perdía entre las nubes. Rato después, ella también alzó el vuelo, pero hacía otra dirección. Le costó muchísimo llegar, pero por fin estuvo en el acantilado. Caminó hasta el borde y miró hacía el horizonte. Amaba el atardecer. Le parecía la cosa más bella que había visto en su vida. Sonrió. Se olvidó de Kayla, de su madre, de Dahn, de todo. 
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