El caballo alado mordió el fruto que le estaba ofreciendo el chico, en cuanto tuvo la confianza del pegáso Max le pasó la mano por la cabeza acariciándolo mientras el animal masticaba, era raro localizar a los pegásos en la región del aire con tanta niebla, sin embargo el chico los localizó un día mientras vagaba después de la típica discusión con su madre cuando le preguntaba sobre su padre y no obtenía respuesta y los localizó de casualidad.
El animal despegó dejándolo solo y recibiendo una corriente de aire helada haciendo que Max se abrazara así mismo mientras ponía rumbo de nuevo a su hogar, aunque amaba volar y era mucho más rápido que andar a Max se le apetecía ir andando para ganar tiempo, para recibir cuanto más tarde mejor la noticia que no quería oír.
Después de unos cuarenta minutos andando entró en su casa mientras se quitaba el abrigo, su madre era una de las más importantes de la región de aire, aunque había gente por encima de ellos, como los Venti, no había mantenido relación con ellos pero sí que había asistido a varios eventos en donde ellos habían estado. A veces veía a la hija de los Venti cuando iba al instituto por orden de su madre ya que esta era profesora y algunas veces le pedía que le ayudara con lo que fuera. Esa chica rubia que había pasado por la habitación de la mayoría de los chicos de la región del aire, no tenía nada en contra de ella la verdad, pero eran muy diferentes y a pesar de haber cruzado un par de miradas tenían opiniones muy distintas y dudaba que alguna vez pudieran congeniar.
Se dirigió hacía el salón donde estaba su madre al lado de la chimenea mirando un sobre y dándole vueltas pensativa.
-¿Ha llegado ya?-Preguntó el chico sentado al lado de su madre, esta asintió-¿es necesario?
-Sé que no te gusta el campamento, pero es por tu bien, tienes que ir.
-¿Por mi bien o para tenerme unos meses sin preguntarte donde esta mi padre y quién es?
-Max…
-Está bien, lo entiendo, soy tu hijo, mi obligación es obedecerte, tengo 23 años, dos años más y podre dedicar el tiempo que pierdo allí a buscar a mi padre.
Sin despedirse de su madre volvió a salir de la casa, esta vez no se molestó ni en coger el abrigo, tenía pensado hacer lo que iba hacer desde hacía tiempo pero nunca se había atrevido a hacerlo porque sabía que llegaría a boca de su madre y le caería la bronca del siglo.
El hospital solo estaba a diez minutos de casa y cuando llegó se dirigió hacía la recepción, la amable mujer que estaba trabajando le miró con una sonrisa.
-¿Tiene alguna cita?-le preguntó
-No, solo he venido a preguntar algo.
-Bien, di a ver si puedo ayudarle.
-Necesito mi partida de nacimiento, ¿Ahí viene los datos de mis padres verdad?-La mujer asintió y buscó algo en su ordenador.
-No puedo darle esa información a usted señor.
-¿Pero sabe acaso quién soy?
-Max Arwin y hay órdenes de no dar esta información a nadie que no sea la señora Cinthya Arwin.
-Soy su hijo.
-No importa, ahora si no desea nada más tengo que pedirle que se marche.
Max se llevó la mano al cabello echándoselo hacía atrás, estaba desesperado, llevaba 13 años de su vida buscando a su padre y cuando el otro día se le ocurrió la idea de ir al hospital a pedir su partida de nacimiento y descubrir así de una vez por todas el secreto que guardaba su madre desde que le preguntó a los tres años ‘’¿Porqué todos los niños del colegio tienen padre y yo no?’’ y recuerda perfectamente la respuesta de su madre, fue la primera vez que lo ignoro ‘’Ve a tu habitación a jugar hijo, pronto estará la cena’’.
-Señorita Clark le llaman-una voz de un hombre le llamo la atención y vio como la recepcionista se levantó y siguió al anciano. Era su momento.
Max saltó el mostrador de recepción con facilidad y buscó antiguas búsquedas en el ordenador, allí estaba lo que había buscado minutos antes la tal señorita Clark ‘’Max Arwin’’. Los datos de su madre apareció ante él, los básicos, nombre y apellido, elemento, lugar de nacimiento y fecha, bajó y se encontró con todos su datos, bajo un poco más y en donde debería estar los datos de su padre solo había un hueco relleno ‘’elemento: fuego’’ ¿ya está? ¿Eso era todo? Cerró la página y salió de recepción para dirigirse hacia la salida, 13 años buscando información a su padre y donde debería estar todo está totalmente vacío, al menos ahora se explicaba el porqué tenía facilidad en manejar también el elemento del fuego. Cuando volvió a casa su madre le asalto antes de que pudiera ir a su habitación.
-¿Has ido a preguntar tu partida de nacimiento?¿sigues con la inútil búsqueda de tu padre?
-No es de tu incumbencia mamá…si no obtengo respuestas por tu parte tendré que obtenerlas por mis propios métodos…
-Te prohíbo que sigas buscando información sobre él, nos abandonó Max, admítelo.
-No mamá, no me vas a prohibir lo único por lo que vivo, no voy a parar hasta descubrir quién fue el cabrón que te abandonó estando embarazada, que me abandonó.
-Hijo…
-¿Cuál es su nombre?
-No te lo voy a decir…
-Perfecto, entonces iré a pasar un tiempo en la región del fuego a ver que puedo encontrar.
La sorpresa pasó por el rostro de su madre mientras que él subía a su habitación y cogía una bolsa donde comenzó a meter ropa limpia para pasar unos días.
-No puedes hijo, el campamento es en tan solo dos semanas.
-Tranquila, estaré en el campamento cuando llegue el momento, hasta entonces no voy a perder ni un solo minuto más.
Terminó de meter un par de cosas más que iba a necesitar y cogiendo sus ahorros salió por la ventana volando dirección a donde sabía que iba a encontrar un pegáso.
Aterrizó entre la niebla de una de las montañas más altas de la región de aire y arrancando una de las manzanas de un árbol silbó una sintonía de cinco notas, no sabía por qué pero atraía a los pegásos.
Un par de ellos aparecieron de la nada y se pusieron delante de él, le ofreció la manzana al que él veía más ágil, cuando cogió la confianza con él le acarició y se montó en su lomo y dándole una pequeña patada salió volando.
Al cabo de un par de horas y sin descanso llegaron a la región de fuego, cuando tocaron tierra le dio vía libre al animal para que se fuera y el comenzó a introducirse por los túneles de la ciudad, se chocó con un chico y cayó al suelo, el chico moreno le ayudo y le sonrió.
-Vaya, no te he visto nunca por aquí, ¿eres nuevo?-le preguntó.
-Sí…soy Max Arwin.
-Aidan Fuecourt-se tendieron la mano y se presentaron-¿qué te trae por la región de fuego?
-Mi padre, no sé nada de él desde hace tiempo y creo que puede estar por esta región-Max no podía dejar de mirar los ojos del tal Aidan, le eran tan familiares…como si los hubiera visto antes en otro lugar.
-Vale, como si estuvieras en tu región.
Aidan le sonrió y después de dar un silbido un gran dragón apareció ante ellos, el chico se montó en él.
-¿Adónde vas?
-A ver al amor de mi vida perdido-Aidan se rió de su comentario-a ver una amiga de la región del agua.
-Pues ojala recuperes el amor de tu vida perdido.
-Ojalá encuentres tú a tu padre.
Los dos chicos se sonrieron y después de que Aidan despegara Max se preparó para adentrarse aun más en la ciudad sin saber con quién se acaba de encontrar en realidad.
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