Prefacio

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La habitación estaba iluminada con luces blancas. Todo allí era robótico. Las personas que le daban la espalda tecleando y manejando grandes máquinas parecían ser también artificiales. En una parte de la habitación, ajenos a todo y a todos se encontraba un hombre sentado en un sillón de cuero dándole ordenes a un chico. Parecían estar en otra dimensión, tan concentrados en la conversación que mantenían que nada de lo que les rodeaba tenía importancia. En la pantalla colocada detrás del sillón aparecían diferentes imágenes. Diferentes lugares de diferentes regiones. A continuación de la imagen de la Región de Fuego apareció una chica morena montada en un coche, mientras hablaba con un chico moreno. Ninguno de los dos se estaba dando cuenta de que estaban siendo fotografiados.
 -Lenna Firegins, Región de Fuego.
El hombre no levantó la mirada para contemplar a la chica. La había visto un millón de veces. El joven alzó la cabeza para observar la imagen. Debía recordar su rostro. La siguiente imagen fue la de un lago; la Región de Agua. Una pareja, el hombre señaló a la chica rubia de extraño estilo y miró de nuevo al chico al hablar.
 -Artaith Sewate. Región de Agua, como has podido comprobar.
 La chica rubia abrazaba a su acompañante, que parecía mayor que ella.
 La imagen volvió a cambiar para dar paso a otra chica rubia que caminaba sola por una larga calle. La abundante niebla hacía difícil ver su rostro con claridad.
-Aura Venti. Región de Aire.
 La pantalla se volvió negra de repente. El joven chico levanto la vista de la pantalla para volver a mirar al hombre, totalmente serio, casi sin expresión. 
-¿Tienes claro lo que tienes que hacer?-Preguntó el hombre desde su sillón. Su mirada era fría. El chico no parecía lo más mínimamente nervioso, y, si lo estaba, solo lo sabía él. 
-Acercarme a las chicas, tenderles la trampa y hacer que desaparezcan para que sus padres sean más vulnerables.-La voz del chico sonó dura, al igual que la del hombre con el que hablaba, que asintió a todas y cada una de las palabras que dijo. Después sonrió. Fue una sonrisa fría y carente de cualquier atisbo de sentimiento. Eso hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo del joven.
Todo estaba dicho.
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La unión hace la fuerza

Eric le guiñó un ojo a la chica que estaba al otro lado de la pista de baile de aquella ajetreada discoteca. Entre medio, decenas de jóvenes bailaban descontrolados como sino fueran a llegar al día siguiente.
-¿No te cansas de llevar siempre la misma vida?-Eric miró a Kim, que estaba apoyada junto a él en la barra.-Chicas, alcohol, y fiestas. Demasiado monótono.
-Puede que para ti, pero si cada día estás con una chica distinta, tomando diferentes bebidas, en lugares que no tienen nada que ver con los otros, ya no se trata de la monotonía.
-Siempre me he preguntado cómo lo haces.-Kim se inclinó a un lado.-Esa facilidad que tienes para engatusar a las jovencitas debería estar prohibido. Ellas de verdad creen estar a salvo cuando están contigo. No tienen ni idea.
-Ni que fuera un asesino en serie.
-Lo que tu matas son sus corazones, no sus vidas. Creo que eso es incluso peor.
-¿Y no es acaso el corazón la vida?
-La vida también es el cerebro, los pulmones, y el resto de órganos. El corazón es solo el amor.
Eric le contestó con una sonrisa en lugar de continuar la conversación. Aquella misma sonrisa que tan fácilmente se convertía en el motivo de respiración de las chicas con las que se encontraba a lo largo de su vida.
Eric siempre había sido así; atrevido, vanidoso, algo orgulloso y un conquistador nato. Conseguía todo lo que se proponía, y siempre tenía lo que deseaba. No importaba el precio. No importaba el valor. Él lo tendría.
-No hay más que verte para saber que matas.
-Volvemos a lo del asesino en serie.-Rió Eric, tomando un trago de la bebida que estaba a su lado.
-No me refiero a matar de matar... digo matar con tu actitud. El chico malo. Vaya, que miedo.
-¡Já! Tú siempre has sido demasiado valiente, hermanita mía.
-Nunca se es demasiado valiente. Y si con eso te refieres a que nunca caería en la tela de araña que creas, puedes apostar lo que quieras a que así es. No me dejo llevar por los chicos.
-De todas formas, ninguna chica merece la pena.
-¿Ninguna?
-Ninguna.
-¿Sabes?-Kim sonrió.-Algún día te enamorarás y te tragarás tus palabras.
-Permíteme que lo dude.-Eric le devolvió la sonrisa.-Y ahora, observa como actúa un buen domador de leones.-Eric le guiñó un ojo a su hermana y acto seguido se encaminó a la chica que estaba delante de ellos.
Esta no había apartado la mirada de Eric en todo el rato, con el ceño fruncido a la espera de que besara a Kim para asegurarse de que eran pareja. Pero no lo eran, así que ese beso nunca llegó, dejando más tranquila a la chica.
Kim comprobó como Eric se acercaba a la joven, le decía apenas dos comentarios que la hicieron reír, y la cogió de la mano para acompañarla hasta fuera.
Ni dos minutos, pensó Kim para sus adentros, creo que es un nuevo record.


Eric despertó cuando el tono de su móvil comenzó a sonar. Colgó antes de levantarse de la cama intentando no hacer ruido, pero la joven que descansaba a su lado lo notó igual.
-Buenos días.-Le sonrió.
Eric le contestó con un asentimiento de cabeza, mientras empezaba a buscar sus pantalones.
-¿Ya te vas?
El chico asintió de nuevo. Ya había conseguido lo que quería, ¿por qué permanecer allí?
-¿Me devuelves mi camisa?
La chica se miró, y tras comprobar que, efectivamente, llevaba la camiseta de Eric, se la quitó para devolvérsela.
Cuando Eric estuvo vestido, miró a la chica a modo de despedida mientras salía de la habitación sin mirar atrás.
-¡Espera!-La llamó ella.-¡Aún no sé tu nombre!
Ni lo sabría. No había forma de que lo averiguara. Y de eso se trataba.
Eric nunca daba su nombre, y si lo daba, era un falso. No le convenía dejar huellas. No quería que nadie se quedara con quién era. Sus padres le matarían si se enteraran de las cosas que hacía.
Su casa no estaba del todo lejos de allí, así que optó por la opción de ir caminando, mientras iba ideando cualquier excusa racional que explicará por qué había pasado la noche fuera.
Los años de práctica habían hecho de él todo un experto en mentiras. Y aunque estaba más que acostumbrado, no era que le agradase, precisamente. ¿A quién le gustaría admitir que es un mentiroso? No lo era por elección propia, al menos.
Eric sabía que su casa estaba cerca, y carecía de tiempo, y ganas, de volver, así que se acomodó en un banco que había en un parque cercano. A su alrededor, varios niños pequeños corrían de un lado a otro.
Él solo deseaba vivir su vida. Poder independizarse y salir y entrar cuando quisiera, sin depender de nadie, sin tener que redactar su vida ante un superior. En ese sentido, Eric nunca cambiaría. Le gustaba estar al mando en todo. Quizás, por eso, por no estar al mando de su vida con sus padres de por medio, se comportaba de esa forma con el sexo femenino.
Jugaba, usaba a las chicas, y después las desechaba como si fueran inservibles. Usar y tirar. Una de las excepciones era su hermana. Cosa razonable.
Aunque Kim no era la única excepción jamás habida.
Eric elevó la vista de sus manos al escuchar un grito. Una de las niñas que estaban corriendo por el parque se había caído, y de su rodilla no dejaba de salir sangre.
Los padres de la niña debían de estar lejos, ya que no oyeron los gritos de la joven. Pero de todas formas, aunque sus padres hubieran ido, eso no habría impedido que Eric se acercara.
-¿Estás bien?-Le preguntó, agachándose delante de ella.
La chica contestó entre sollozos con voz entrecortada:
-Mi rodilla...
Eric la miró detenidamente; un corte del que no dejaba de salir sangre, que si no era curado en breve, podía infectarse.
Volvió la mirada a los ojos de la niña, de apenas siete años, para cogerla en brazos después. La llevó hasta el banco en el que había estado. La sentó y cogió agua de una fuente cercana con las manos para echarla sobre la herida, lo que la limpió, y más tarde se arrancó un trozo de la camiseta para usarla a modo de venda.
-Creo que esto servirá.-Eric le dirigió una sonrisa a la niña.-Ahora tienes que comportarte como una princesita mayor y se te curará dentro de poco.
-Las princesas no se caen.
Eric no pudo evitar aumentar su sonrisa al oír eso.
-No estoy de acuerdo. De hecho, creo que las princesas son las que más se caen. Porque luego se levantan y demuestran lo fuertes que son.
-Cenicienta jamás se cayó.
-¿Es que no recuerdas cuando sus horribles hermanastras le quitaron el vestido? ¿O cuando el carruaje volvió a convertirse en calabaza?-Eric acercó su cara a la de la chica.-Todas las chicas tienen una princesa interior, pero la mayoría no lo sabe. Y tú ahora lo sabes, así que quiero ver como ese precioso rostro se llena con una gran sonrisa.
La niña le hizo caso, y sonrió casi al momento.
Cualquier rastro de dolor producido por el corte de su rodilla había desaparecido. En aquel momento, en su cabeza, solo revoloteaban princesas, caballeros, castillos, y niños voladores como en Peter Pan, junto a Campanilla.


-¿Eric?-La madre de Eric llegó al recibidor de la casa cuando escuchó como se cerraba la puerta con un terrible estruendo. Era su forma de saludar, desde siempre.-¿Dónde has estado?
Eric miró a su madre.
-En casa de un amigo. Creí que Kim te avisaría.
-No me ha dicho nada.-Contestó.-Últimamente nunca pasas la noche en casa, Eric, ¿es qué ocurre algo?
-Claro que no, mamá, lo que pasa es que dentro de poco comenzará el Campamento, y mis amigos quieren que nos veamos antes de marcharme.
El Campamento. Esa era otra historia. Otra cosa más que demostraba el control que tenían los Rumsfeld sobre la vida de sus hijos.
-Lo entiendo, Eric, pero agradecería que pasaras alguna noche con tu familia.
Eric asintió.
-Prometo dormir aquí esta noche.
-Fantástico.
La señora Rumsfeld le dedicó una sonrisa antes de volver a dónde quiera que estuviera antes de ir a recibirle.
-¿Encima querías que te cubriera?-Kim bajó las escaleras que separaban el gran recibidor de la segunda planta.-Sí que tienes morro.
-Podías hacer de hermana buena por una vez. Yo te he ayudado en más de una ocasión.
-Y si multiplicáramos el número de veces en que me has ayudado por mil, tendríamos la mitad del número de veces en que te he ayudado yo a ti.
Eric le sonrió.
-¿Volviste bien anoche?-Inquirió, subiendo las escaleras junto a Kim rumbo a su habitación.
-Scott me acompañó. A veces creo que él hubiera sido mejor hermano que tú.
-Hasta que recuerdas las veces que te lo has tirado y entonces dejas de desearlo.
-Sinceramente, creo que si no fueras mi hermano nos habríamos acostado un par de veces.
-Y hubiera sido increíble, no me cabe duda.
Si sus padres les hubieran escuchado, se habrían indignado de tal manera, que no les habrían dirigido la palabra a ninguno de los dos en, al menos, dos meses, hasta que creyeran conveniente volver a hacerlo. Les habría parecido una insolencia.
Por supuesto que Eric y Kim bromeaban, pero la relación fraternal que tenían les permitía hacer esa clase de bromas y más aún. Si había algo que ellos agradecían bajo aquel techo, era el uno al otro.
La unión hace la fuerza. Y eso ellos lo sabían muy bien, porque de ser distinto no habrían aguantado tanto tiempo allí.
-No sé qué te habrá contado Scott, pero veo que no te ha engañado.
Eric buscó la mirada de Kim.
-No necesito que nadie me diga que eres genial. Lo has sacado todo de mí.
-Tan modesto como siempre.
-Es una de mis cualidades.
-Como la cortesía y la educación que te impiden desaparecer de una fiesta con una chica a la que acabas de conocer y abandonar a tu hermana a la merced de cualquier bruto.
-A pesar de eso, sabes que te quiero, ¿verdad?-Eric cogió una de las manos de Kim, sintiéndose repentinamente alegre.-Eres la mejor hermana del mundo.
-Lo sé.-Rió Kim.-Así como tú sabes que yo también te quiero.
Un abrazo habría estado bien. Pero un abrazo no habría sido típico de ellos.
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Solo una noche más


Un mes antes...



Logan contempló a su hermana con una sonrisa dibujada en su rostro. Solo ella podía llevar una clase de horario que hiciera que todo estuviera al revés; se despertaba cuando los demás se acostaban, se acostaba cuando los demás se despertaban.
-¡Arriba, dormilona!-Gritó Logan, quitándole las sábanas a Lenna.-¡Venga, que no tenemos todo el día!
Lenna se tapó la cabeza con la almohada.
-Ni que tuviéramos algo que hacer.
-¿Así que se te ha olvidado?
Lenna asomó la cabeza por debajo de las sábanas.
-¿El qué?
-Tienes que llevarme con unos amigos. Prometiste que me llevarías.
Lenna acabó cediendo y se levantó de la cama.
-¿Qué hora es?
-Las nueve de la noche.-Logan sonrió.-Cada vez madrugas más.-Lenna le lanzó un cojín a modo de queja.-¿A qué hora volviste anoche?
-A las cinco. Las seis quizás.
Lenna se acercó al armario y comenzó a buscar algo de ropa que pudiera ponerse. Acabó optando por unos vaqueros y una camiseta ceñida junto con su chaqueta de cuero.
-Se acabará enfadando contigo. Nuestro tío tiene aguante, pero no tanto.
-Mira, enano, vuelvo al campamento en un mes, así que pienso disfrutar del tiempo que me queda fuera tanto como quiera.
-Vas al campamento porque quieres, nadie te obliga.
-Lo sé, pero lo malo de entrar es que no puedes salir una vez dentro.-Lenna entró en el baño de su habitación y abrió la ducha.-Y ahora vete y espera abajo hasta que esté lista.
Logan sonrió una última vez y se fue.


-Vendré a por ti a las doce.-Le dijo Lenna a Logan, mientras veía como sus amigos esperaban a unos metros de allí.
-Ni que fuera Cenicienta.-Rió este.
-No sé si lo eres o no, pero más te vale no perder ningún zapato. Otra vez.
-¡Oh, venga, no seas así! ¡Solo fue una vez!
-Claro, claro.
Logan se cruzó de brazos a modo de queja, aunque aún sonreía.
-Y tú no te vayas a olvidar de recogerme.
Lenna fingió estar ofendida, pero antes de que pudiera contestar un chico alto de potentes ojos azules la abrazó desde detrás.
-Tranquilo, yo me encargaré de que esté aquí a tiempo.
-¿Y quién te lo recordará a ti, Tyler?-Preguntó una chica detrás de ellos. Jenn, la mejor amiga de Lenna.
-Que graciosa.-Le contestó Tyler, enseñándole la lengua.
Lenna se despidió de su hermano y se marchó con Jenn y Tyler en dirección a su discoteca favorita.
Pasaban por allí con demasiada frecuencia últimamente, pero, tal y como había dicho Lenna, no tenían mucho tiempo antes de que empezara el campamento.
-Podrías quedarte.-Surigió Tyler.-No tienes por qué irte esta vez. Ellos podrán soportar unos meses sin ti.
Lenna bebió de su vaso con calma.
-Quiero ir.
-¿Quieres dejarnos?
-No, quiero ir allí. Es diferente.
-Pero ambas cosas van de la mano.
-Puede, pero eso son daños colaterales.-Lenna le mantuvo la mirada a Tyler.-Aquel lugar no es tan malo como creéis.
-Ni tan bueno como crees tú.
Jenn le dio un golpe en el hombro a Tyler.
-A este solo le molesta porque el tiempo que estés fuera tendrá que ir de novio fiel.
-Más le vale.-Rió Lenna, mientras Tyler ponía un brazo sobre sus hombros.
-Y así será, que para eso estoy yo aquí.-Afirmó Jenn.-Pero él puede esperar. ¿Qué será de mí? ¿Quién vendrá conmigo de fiesta? ¿Y cuando quiera ir de compras? ¡Necesito a una Lenna en mi vida!
-Eres una exagerada.-Lenna le cogió la mano.-Tendrías que buscarte a otra mejor amiga.
-Ninguna sería tan divertida como tú.
-Eso no te lo niego, pero...
-¡Es mía!-Gritó Tyler, mordiendo la oreja derecha de Lenna.-¡Solo mía!
-¡Serás egoísta!
Ambos comenzaron a darse golpes en los brazos y leves tortas en la cabeza hasta que fue hora de volver.
Lenna recogió a Logan y volvió a casa, y no fue hasta una hora después, cuando Tyler entró en la casa sin hacer ruido para llegar hasta la habitación de Lenna.
-Si mi tío te pilla...
-Me mata, y después te mata a ti.-Tyler sonrió mientras acercaba a Lenna hacia su cuerpo gracias a la cadera de esta.-Es un riesgo que estoy dispuesto a correr. Creo que merecerá la pena.
-¿Crees?-Inquirió Lenna, mientras encontraba los labios de Tyler.
Su tío sabía lo que pasaba; en parte porque era obvio, en parte porque no era tonto.
Desde la muerte de los padres de Lenna y Logan, su tío había sido quien se ocupaba de ellos. Un hombre demasiado joven y alocado como para poder resultar un buen tutor legal. Era buena persona, por supuesto que sí, pero tenía más de Lenna que de Logan, y eso no resultaba del todo útil.
Digamos que era demasiado fan de los deportes de acción y las aventuras como para resultar estable.
Tyler agarró a Lenna por la cintura y la subió, haciendo que ella entrelazara sus piernas en torno al cuerpo del chico, mientras jugaba con su lengua.
-No te vayas.-Susurró Tyler.-¿Con quién haré estas cosas si te vas?
Lenna rió contra la boca del chico.
-Con nadie, espero.
-Solo me gustaría hacerlo contigo. Cosa imposible si no estás.
Tyler llevó a Lenna hasta la cama para dejarle caer acto seguido, permitiéndole mirarla a los ojos.
-No quiero que hablemos de esto otra vez, Ty.
-Es que siempre estás esquivando el tema. Entiendo que quieras ir allí, pero debes saber que no me gusta. Bueno, en realidad no lo entiendo, pero lo intento, al menos.
-¿Todo esto es porque no quieres que esté lejos o porque temes conocer a otra chica?
Tyler se sorprendió por la deducción de la chica. Totalmente inesperado, totalmente cierto.
-Me preocupa que tú conozcas a otro chico.
Los ojos de Lenna miraron durante un tiempo interminable a los de Tyler, en un intento de poder ir más lejos de ellos y adivinar en qué pensaba.
Tras largos minutos así, cogió el rostro del chico entre sus manos y le acercó.
-Eso no va a pasar.
-Eso dices ahora, pero te conozco muy bien. Le caes bien a todo el mundo, Lenna, y no sería la primera vez que te sale un pretendiente. Y sino mírame a mí.
-Hablas como si fuera la mala de la película que seduce a todo chico que entra en su perímetro.
-Algo así.-Tyler depositó un suave beso sobre los labios de Lenna.-Lo que pasa es que no te das cuenta.
-Ser atrevida no es malo.
-Y tener facilidad para hacer amigos tampoco.
-Entonces no entiendo a qué viene todo esto.
-No es tan complicado.
-¿Es que no confías en mí? ¿Es eso?
Tyler negó con la cabeza.
-La distancia rompe cualquier relación.
-Si a miles de kilómetros el cielo y el mar se unen en uno solo, la distancia no es problema para nadie, Tyler, ni para ti, ni para mí, ni para nadie.
Tyler se sentó en la cama junto a Lenna.
-Prométeme algo, al menos.-Lenna asintió, así que Tyler continuó:-Prométeme que si conoces a alguien, a quien sea, y ese chico te gusta, y te trata mejor de lo que yo te trato, prométeme que me avisarás. No quiero que estés conmigo por lástima.
Lenna sonrió y se sentó encima de Tyler.
-Nunca he estado contigo por lástima.
-¿Y por qué era?
Lenna apoyó una mano sobre el pecho y Tyler y le obligó a tumbarse, estando ella encima.
-Te lo demostraré.-Susurró, y acto seguido comenzó a darle cortos besos en todo lo largo de su cuello.


Cuando Lenna despertó enredada entre las sábanas, Tyler ya se había ido hacía un buen rato.
Sobre su mesita de noche, sobre su libro favorito, había escrita una nota cuya letra reconoció al momento:

He tenido que salir pronto para que tu tío no me viera. Nos vemos más tarde. Te quiero, Ty.
PD. Estás guapísima cuando duermes.

Lenna sonrió para sus adentros y poco después bajó al piso se abajo, ya duchada y preparada. Logan se quejaba mucho de ella, pero ese día se había levanto a una hora más normal.
-...no podemos hacerlo...-Le oyó decir a su tío.
Bajó los últimos escalones y se encontró con Logan, su tío y Jenn sentados alrededor de la mesa del comedor.
Logan parecía descompuesto, su tío preocupado, y Jenn lloraba desesperadamente.
-¿Qué ha pasado?-Preguntó Lenna, acercándose.
Jenn lloró con más intensidad, cosa que parecía imposible en un primer momento. Se levantó tirando la silla a su paso y se echó sobre los brazos de Lenna, soltando lágrimas sobre el hombro de esta.
-Tyler...-Sollozó Jenn.-Él...
-Ha tenido un accidente.-Terminó su tío.-Volvía a su casa cuando se encontró en medio de una revuelta. Anoche entraron unas criaturas extrañas en nuestros territorios y le pillaron en medio.-Lenna se alejó de Jenn para escuchar mejor.-Intentó defenderse, pero eran demasiados y...
-¿Y?-Lenna se acercó a su tío para agarrarle y zarandearle hasta que continuara.-¿Dónde está? ¿¡Dónde está!?
Su tío contuvo la respiración durante un segundo.
-Tyler ha muerto, Lenna.
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Visita a las profundidades

1 mes antes...




Un grupo de chicos salía de la Universidad de Aqua. Tres de ellos estudiaban historia contemporánea de las regiones, el otro filosofía. No hacía mucho frío, la temperatura de la región de agua no variaba mucho. Uno de ellos, se adelanto y se paró delante del grupo.
- ¡Fiesta en casa de Merian! ¿Sabéis lo que significa?
- Oh venga Ryo, hazte a la idea de que no vas a pillar. -dijo otro de los chicos.
- Muy gracioso Ben, esta noche te tragarás tus palabras. Os recojo a las diez en la fuente, en mi coche cabemos los cuatro.
Al decir aquello, todas las miradas se fijaron en un chico rubio que leía un libro. Su pelo era dorado y ligeramente rizado en las puntas.
- Sabéis mi respuesta. -dijo si tan siquiera levantar la vista de las páginas.
- ¡Es la fiesta del siglo! -Ryo se colocó delante de él impidiéndole el paso.- Venga Deryk, ve y si no te gusta te vas, pero ve al menos...
- Ryo parece que no lo conocieras. No iría ni aunque le pagáramos. 
Deryk sonrió ante el comentario de Jyo, pero por la única razón de que era verdad. 
- Chicos, yo me voy a casa. Pasadlo bien y Ryo, todos sabemos que no vas a pillar.


No le gustaban las fiestas. Salir en general tampoco. ¿Qué tipo de diversión encontraban los demás en salir para emborracharse si a la mañana siguiente no se iban a acordar de nada? Por no hablar del tema amoroso. O más que el amor el sexo. Sus amigos no hablaban de otra cosa, aunque con razón. Ben y Jyo tienen novia, a él no le interesa nada de eso, por lo que Ryo es el único que queda "soltero". No lo lleva bien, y no hace más que planear como conquistar a la famosa Merian. 
A él no le interesa nada. La mayor parte del tiempo la pasa leyendo absorto en todas las cosas que unas páginas le podían enseñar. La filosofía y la psicología le apasionaban. Estaba llegando a su casa, así que guardó el libro en la mochila. Su familia no era muy importante, pero su padre sí. Era economista, y llevaba asuntos económicos de familias importantes, como la de los Sewate. Había asisto a los bailes de esa familia, pero siempre obligado por sus padres.
Al entrar, colgó su chaqueta y se dirigió al salón. Eran las cuatro de la tarde y su madre estaba tomando el té con una vecina. 
- Buenas tardes.
- Deryk, cariño, ¿qué tal en la universidad?
- Bien madre.
- Por cierto, recuerda que dentro de tres semanas vuelves al campamento.
- No lo olvidaré.
- ¿Y el examen de filosofía que tuviste la semana pasada? Te daban la nota hoy ¿me equivoco?
- Un nueve y medio.
- La próxima vez consigue un diez.
- Claro.
Subió a su cuarto para dejar la mochila y volvió a sacar el libro. Miró el reloj. Ya iba un poco tarde, si dormía ahora luego tendría el tiempo necesario para el deporte. Se quito los zapatos y la camisa, dejándola perfectamente doblada sobre su silla. Se tumbó en la cama y después de un rato, quedó profundamente dormido.

Se despertó de golpe, respirando fuerte y sudando. Cada vez soñaba aquello con más frecuencia y siempre se despertaba alterado. Se sentó en la cama llevándose las manos a la cabeza para calmarse. Miró el reloj. Le daba tiempo, si salía a correr como solía hacer conseguiría despejarse. Cambió los pantalones de vestir por uno de deporte gris, y se puso una camiseta blanca. Cogió la mochila pequeña, donde llevaba una botella de agua, una brújula y un kit de emergencia. Mejor prevenir que curar. Bajó las escaleras y buscó a su madre. Parecía que la casa estaba vacía, así que dejó una nota diciendo que iba a correr y salió. Aún tenía en mente el sueño que tantas veces le había visitado por las noches, aunque últimamente era cada vez que cerraba los ojos. Le tenía preocupado. Por eso cogió un camino diferente al que hacía siempre.

Todas las tardes salía a correr y iba hasta el lago de los hipocampos. La mayoría de las veces se sentaba en la orilla a leer, aunque muy de vez no se resistía a meterse en el agua y nadar con los hipocampos hasta el mar común. Esta vez su plan era diferente. Tardó un poco más en llegar, pero pronto tuvo delante suya el lago de las Ondinas. Nunca se había interesado por ellas, sabía que eran muy traviesas y eso le atraía poco. Más de una vez había escuchado a sus compañeros hablar sobre lo buenas que estaban, pero tampoco le importó. Sin embargo si que recordaba una cosa, por la cuál estaba allí en ese momento. Se rumorea que las ondinas pueden predecir el futuro. Él pensó que eso era una estupidez, pero necesitaba comprobar una cosa. Soñar una y otra vez con la destrucción de las 4 regiones había acabado por preocuparle. 
Dejó la mochila y se arrodilló en la orilla del lago. No sabía muy bien si sumergirse o esperar, a las ondinas debía de tratarlas con cuidado. Mientras pensaba en como llevar a cabo su encuentro, una mano salió del agua, agarrándolo del cuello y arrastrándolo hacía las profundidades del lago. Se sorprendió al principio, pero recordó que debía mantener la calma. Notó como abría sus branquias, al menos podía respirar debajo del agua. De repente se encontró en lo más profundo del lago en la más completa oscuridad. Ni rastro de la ondina que le había sumergido. Poco a poco, empezó a ver luces y distinguió las figuras de varias ondinas. Pronto las luces que portaban en sus manos eran tan potentes, que las pudo ver perfectamente. Hasta a él, que no le importaba el tema de las mujeres, las ondinas le parecieron muy hermosas. Una de ellas se acercó a él, tanto, que sus narices se rozaban. Si hubiera estado fuera del agua, Deryk sabía que estaría respirando muy fuerte. La ondina le acarició el rostro y luego retrocedió, uniéndose al circulo que habían formado las otras ondinas alrededor de él. 
"¿Qué has venido a buscar, Deryk Courant?"
Deryk se sorprendió. Había escuchado la voz de una ondina, pero ninguna había abierto la boca y el sonido no parecía venir de ninguna parte. Lo escuchaba en su cabeza.
- Hay... un sueño...
"Sí, podemos verlo. Una pesadilla más bien. ¿Qué ocurre?"
Le resultaba desconcertador escuchar las voces en su cabeza, pero tuvo que centrarse.
- Quería saber...si ese sueño... bueno, si es solo un sueño...
De repente las ondinas desaparecieron, dejándolo en la más completa oscuridad de nuevo. Había sido todo muy extraño y se estaba arrepintiendo de haber acudido allí. Cuando pensaba nadar hacia la superficie, noto un cuerpo pegado el suyo. Una nariz rozando con la suya. 
"Todo es real."
Luego escucho una risa, más tarde varias, y luego silencio. Solo silencio. Nadó hasta la superficie y al salir se sentó en una roca cercana al lago. Sus ropas estaban empapadas y así no podía volver a casa. Acababa de estar con las ondinas y una de ellas había dicho que todo era real. Acababa de estar en las profundidades del lago, acababa de salir totalmente empapado. Sin embargo, Deryk estaba sudando.
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El chico perdido

El caballo alado mordió el fruto que le estaba ofreciendo el chico, en cuanto tuvo la confianza del pegáso Max le pasó la mano por la cabeza acariciándolo mientras el animal masticaba, era raro localizar a los pegásos en la región del aire con tanta niebla, sin embargo el chico los localizó un día mientras vagaba después de la típica discusión con su madre cuando le preguntaba sobre su padre y no obtenía respuesta y los localizó de casualidad.
El animal despegó dejándolo solo y recibiendo una corriente de aire helada haciendo que Max se abrazara así mismo mientras ponía rumbo de nuevo a su hogar, aunque amaba volar y era mucho más rápido que andar a Max se le apetecía ir andando para ganar tiempo, para recibir cuanto más tarde mejor la noticia que no quería oír.
Después de unos cuarenta minutos andando entró en su casa mientras se quitaba el abrigo, su madre era una de las más importantes de la región de aire, aunque había gente por encima de ellos, como los Venti, no había mantenido relación con ellos pero sí que había asistido a varios eventos en donde ellos habían estado. A veces veía a la hija de los Venti cuando iba al instituto por orden de su madre ya que esta era profesora y algunas veces le pedía que le ayudara con lo que fuera. Esa chica rubia que había pasado por la habitación de la mayoría de los chicos de la región del aire, no tenía nada en contra de ella la verdad, pero eran muy diferentes y a pesar de haber cruzado un par de miradas tenían opiniones muy distintas y dudaba que alguna vez pudieran congeniar.
Se dirigió hacía el salón donde estaba su madre al lado de la chimenea mirando un sobre y dándole vueltas pensativa.
-¿Ha llegado ya?-Preguntó el chico sentado al lado de su madre, esta asintió-¿es necesario?
-Sé que no te gusta el campamento, pero es por tu bien, tienes que ir.
-¿Por mi bien o para tenerme unos meses sin preguntarte donde esta mi padre y quién es?
-Max…
-Está bien, lo entiendo, soy tu hijo, mi obligación es obedecerte, tengo 23 años, dos años más y podre dedicar el tiempo que pierdo allí a buscar a mi padre.
Sin despedirse de su madre volvió a salir de la casa, esta vez no se molestó ni en coger el abrigo, tenía pensado hacer lo que iba hacer desde hacía tiempo pero nunca se había atrevido a hacerlo porque sabía que llegaría a boca de su madre y le caería la bronca del siglo.
El hospital solo estaba a diez minutos de casa y cuando llegó se dirigió hacía la recepción, la amable mujer que estaba trabajando le miró con una sonrisa.
-¿Tiene alguna cita?-le preguntó
-No, solo he venido a preguntar algo.
-Bien, di a ver si puedo ayudarle.
-Necesito mi partida de nacimiento, ¿Ahí viene los datos de mis padres verdad?-La mujer asintió y buscó algo en su ordenador.
-No puedo darle esa información a usted señor.
-¿Pero sabe acaso quién soy?
-Max Arwin y hay órdenes de no dar esta información a nadie que no sea la señora Cinthya Arwin.
-Soy su hijo.
-No importa, ahora si no desea nada más tengo que pedirle que se marche.
Max se llevó la mano al cabello echándoselo hacía atrás, estaba desesperado, llevaba 13 años de su vida buscando a su padre y cuando el otro día se le ocurrió la idea de ir al hospital a pedir su partida de nacimiento y descubrir así de una vez por todas el secreto que guardaba su madre desde que le preguntó a los tres años ‘’¿Porqué todos los niños del colegio tienen padre y yo no?’’ y recuerda perfectamente la respuesta de su madre, fue la primera vez que lo ignoro ‘’Ve a tu habitación a jugar hijo, pronto estará la cena’’.
-Señorita Clark le llaman-una voz de un hombre le llamo la atención y vio como la recepcionista se levantó y siguió al anciano. Era su momento.
Max saltó el mostrador de recepción con facilidad y buscó antiguas búsquedas en el ordenador, allí estaba lo que había buscado minutos antes la tal señorita Clark ‘’Max Arwin’’. Los datos de su madre apareció ante él, los básicos, nombre y apellido, elemento, lugar de nacimiento y fecha, bajó y se encontró con todos su datos, bajo un poco más y en donde debería estar los datos de su padre solo había un hueco relleno ‘’elemento: fuego’’ ¿ya está? ¿Eso era todo? Cerró la página y salió de recepción para dirigirse hacia la salida, 13 años buscando información a su padre y donde debería estar todo está totalmente vacío, al menos ahora se explicaba el porqué tenía facilidad en manejar también el elemento del fuego. Cuando volvió a casa su madre  le asalto antes de que pudiera ir a su habitación.
-¿Has ido a preguntar tu partida de nacimiento?¿sigues con la inútil búsqueda de tu padre?
-No es de tu incumbencia mamá…si no obtengo respuestas por tu parte tendré que obtenerlas por mis propios métodos…
-Te prohíbo que sigas buscando información sobre él, nos abandonó Max, admítelo.
-No mamá, no me vas a prohibir lo único por lo que vivo, no voy a parar hasta descubrir quién  fue el cabrón que te abandonó estando embarazada, que me abandonó.
-Hijo…
-¿Cuál es su nombre?
-No te lo voy a decir…
-Perfecto, entonces iré a pasar un tiempo en la región del fuego a ver que puedo encontrar.
La sorpresa pasó por el rostro de su madre mientras que él subía a su habitación y cogía una bolsa donde comenzó a meter ropa limpia para pasar unos días.
-No puedes hijo, el campamento es en tan solo dos semanas.
-Tranquila, estaré en el campamento cuando llegue el momento, hasta entonces no voy a perder ni un solo minuto más.
Terminó de meter un par de cosas más que iba a necesitar y cogiendo sus ahorros salió por la ventana volando dirección a donde sabía que iba a encontrar un pegáso.
Aterrizó entre la niebla de una de las montañas más altas de la región de aire y arrancando una de las manzanas de un árbol silbó una sintonía de cinco notas, no sabía por qué pero atraía a los pegásos.
Un par de ellos aparecieron de la nada y se pusieron delante de él, le ofreció la manzana al que él veía más ágil, cuando cogió la confianza con él le acarició y se montó en su lomo y dándole una pequeña patada salió volando.
Al cabo de un par de horas y sin descanso llegaron a la región de fuego, cuando tocaron tierra le dio vía libre al animal para que se fuera y el comenzó a introducirse por los túneles de la ciudad, se chocó con un chico y cayó al suelo, el chico moreno le ayudo y le sonrió.
-Vaya, no te he visto nunca por aquí, ¿eres nuevo?-le preguntó.
-Sí…soy Max Arwin.
-Aidan Fuecourt-se tendieron la mano y se presentaron-¿qué te trae por la región de fuego?
-Mi padre, no sé nada de él desde hace tiempo y creo que puede estar por esta región-Max no podía dejar de mirar los ojos del tal Aidan, le eran tan familiares…como si los hubiera visto antes en otro lugar.
-Vale, como si estuvieras en tu región.
Aidan le sonrió y después de dar un silbido un gran dragón apareció ante ellos, el chico se montó en él.
-¿Adónde vas?
-A ver al amor de mi vida perdido-Aidan se rió de su comentario-a ver una amiga de la región del agua.
-Pues ojala recuperes el amor de tu vida perdido.
-Ojalá encuentres tú a tu padre.
Los dos chicos se sonrieron y después de que Aidan despegara Max se preparó para adentrarse aun más en la ciudad sin saber con quién se acaba de encontrar en realidad.
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