La habitación estaba iluminada con luces blancas. Todo allí era robótico. Las personas que le daban la espalda tecleando y manejando grandes máquinas parecían ser también artificiales. En una parte de la habitación, ajenos a todo y a todos se encontraba un hombre sentado en un sillón de cuero dándole ordenes a un chico. Parecían estar en otra dimensión, tan concentrados en la conversación que mantenían que nada de lo que les rodeaba tenía importancia. En la pantalla colocada detrás del sillón aparecían diferentes imágenes. Diferentes lugares de diferentes regiones. A continuación de la imagen de la Región de Fuego apareció una chica morena montada en un coche, mientras hablaba con un chico moreno. Ninguno de los dos se estaba dando cuenta de que estaban siendo fotografiados.
-Lenna Firegins, Región de Fuego.
El hombre no levantó la mirada para contemplar a la chica. La había visto un millón de veces. El joven alzó la cabeza para observar la imagen. Debía recordar su rostro. La siguiente imagen fue la de un lago; la Región de Agua. Una pareja, el hombre señaló a la chica rubia de extraño estilo y miró de nuevo al chico al hablar.
-Artaith Sewate. Región de Agua, como has podido comprobar.
La chica rubia abrazaba a su acompañante, que parecía mayor que ella.
La imagen volvió a cambiar para dar paso a otra chica rubia que caminaba sola por una larga calle. La abundante niebla hacía difícil ver su rostro con claridad.
-Aura Venti. Región de Aire.
La pantalla se volvió negra de repente. El joven chico levanto la vista de la pantalla para volver a mirar al hombre, totalmente serio, casi sin expresión.
-¿Tienes claro lo que tienes que hacer?-Preguntó el hombre desde su sillón. Su mirada era fría. El chico no parecía lo más mínimamente nervioso, y, si lo estaba, solo lo sabía él.
-Acercarme a las chicas, tenderles la trampa y hacer que desaparezcan para que sus padres sean más vulnerables.-La voz del chico sonó dura, al igual que la del hombre con el que hablaba, que asintió a todas y cada una de las palabras que dijo. Después sonrió. Fue una sonrisa fría y carente de cualquier atisbo de sentimiento. Eso hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo del joven.
Todo estaba dicho.
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