Hace tres meses…
El suave viento le acariciaba el rostro, unas pequeñas gotitas de agua le estaban salpicando y empezó a escuchar unas risas encantadoras, abrió los ojos lentamente saliendo de su profundo sueño y se fijó que estaba tumbada a la orilla del lago de las sirenas, Artaith tenía la ropa empapada de haber pasado la noche entera medio metida en agua, un movimiento hizo que lo poco que le quedaba seco de su cuerpo quedara totalmente mojado, vio una cola metiéndose rápidamente en el agua, sirenas, pocas veces te dejaban tranquila.
La chica rubia se puso en pie y se sacudió la arena de su ropa totalmente negra, no sabía de dónde había sacado ese estilo pero rara era la vez que no llevaba algo negro consigo. Vio su reflejo en el agua y se dio cuenta de que tenía todo el maquillaje corrido, perfecto, ¿Cómo se podía haber quedado dormida? La noche anterior solo había ido a pasar un poco de tiempo con las sirenas después de la pelea con sus padres y se había quedado dormida, nunca le había pasado y sus padres estarían llamando ya a la policía de Aqua.
-Gracias por no despertarme ¡eh!-le recriminó a una de las sirenas que se encontraban en una de las rocas cerca de la cascada.
Las sirenas eran bellísimas, pero también mortales, aunque Artaith y normalmente todos los seres de agua conectaban con ellas, no hablaban, sin embargo emitía unos cantos preciosos, podrían dejar hipnotizado a cualquiera que no fuera de agua, la sirena le miró con mala cara e ignorándola se zambullo en el agua, olvidaba que también eran ariscas.
Comenzó a andar casi corriendo hacía su casa, más bien, hacía su castillo, atravesó los pequeños bosques de la Región de Agua, para colmo, el lago de las sirenas era el que más alejado estaba, hasta llegar a la ciudad de Aqua, la gente comenzaba a salir a la calle, aunque no había demasiada aún, así que Artaith dedujo que no serían más de las ocho de la mañana.
Cuando llegó, uno de los guardias de la puerta miró con extrañeza sus pintas, aunque no dominara muy bien el aire ya podría haberlo utilizado para secarse, pero no tenía tiempo y ese guardia no era nadie para juzgarla así que abrió la gran puerta sin decir una palabra.
Artaith entró y comenzó a dirigirse lo más silenciosamente posible hacia la gran escalinata, pero no hubo suerte ya que unos tacones comenzaron a resonar hacia su dirección, cerró los ojos al escuchar los gritos de su madre.
-¡Deja de reunir guardias Matthew la niña ya está aquí!-Artaith se dio la vuelta lentamente y se encontró con su madre de brazos cruzados y a su padre detrás de ella, los dos la estaban asesinando con la mirada-¿De dónde vienes con esas pintas? ¡Ay! dios mío…nos vas a dar un disgusto un día de estos ¿Qué habrá pensado la gente al verte así? Ve arriba y cámbiate de ropa y ni se te ocurra salir de tu habitación, estas castigada, encima de la discusión que tuvimos ayer pasas la noche con él…
-¿Qué? ¿Qué tiene que ver Aidan en todo esto?
-Mis guardias me han informado que ayer se le vio por la ciudad, no desobedezcas a tu madre y sube a tu habitación por favor.-dijo su padre dando por terminada la conversación.
La noche anterior sus padres se habían enterado de la relación que tenía con un chico de la región del fuego, ellos aún la veían como una niña, no quería que tuviera pareja a pesar de tener ya 19 años, eran demasiado sobreprotectores e incluso la querían demasiado, sus padres siempre habían sido cariñosos aunque cuando un chico se mete por medio, cambian totalmente, menos mal que solo se habían enterado de que salían que si llegan a enterarse de los demás…
Abrió la puerta de su habitación y después de cerrar se quitó la camiseta tirándola encima de la cama, al oír que no había hecho ningún ruido al caer miró hacia la cama confundida para encontrarse con su chico, con el morenazo de ojos azules que la miraba con una sonrisa seductora en los labios, salían desde que ella tenía 16 años, no solo eran novios, también eran amigos y cómplices. La chica comprobó que la puerta estaba bien cerrada y se quedó mirándolo.
-¿Qué haces aquí?
-Puedes continuar.-dijo levantándose de la cama y acercándose a la chica-¿Quieres que te ayude?
Depositó un beso en sus labios mientras que posaba sus manos en la fina cintura de ella acercándola a él, el beso fue aumentado la temperatura y se introdujo en su boca, se fundieron en juego de lenguas incontrolable que si no lo pararan terminaría en algo más.
-Aidan…mis padres…-dijo como pudo mientras que el chico bajaba sus labios hacia su cuello, a Artaith se le escapó un pequeño gemido y el chico sonrió-Aidan para…-lo retiró como pudo aunque en realidad quería que siguiera, que no parara nunca. –Sabes lo que pienso de desobedecer a mis padres.
-¿Te han dicho que no te puedes acostar conmigo?-sonrió.
-No pero…
-Pues si no te lo han dicho no desobedeces, lleva un poco el control de tu vida cariño.
Se quitó la camiseta que llevaba y la tiró al suelo a la vez que empotraba a la chica contra la puerta mientras la besaba con pasión, la levanto del suelo y ella envolvió la cintura de él con sus piernas, sus lenguas jugaban a envolverse una y otra vez sin descanso, el chico estaba ardiendo, literalmente, su cuerpo se había puesto hasta un poco más rojo de la tensión que se estaba acumulando en una zona de su cuerpo, pero eso Artaith ni lo noto, además, era un ser de agua, podía controlar el fuego.
Aidan la llevó hasta la cama y la tumbo poniéndose él encima, le encantaba llevar el control, pero Artaith necesitaba liberar su enfado con sus padres, así que se subió encima de él y comenzó a besarle el pecho bajando lentamente hacía el abdomen de él. Cuando llegó al filo de sus pantalones los desabrochó y se deshizo de ellos.
-Quien juega con fuego se quema…te vas a quemar S…-dijo el chico riéndose, la llamaba así por su apellido.
-Soy de agua, eso es imposible.-La chica metió la mano en la zona prohibida y Aidan dejó escapar un leve gemido entre sus labios, menos mal que su habitación estaba en la última planta y tenían por orden de ella terminantemente prohibido subir sin su permiso.
-Te quemaste-dijo el cogiéndola y llevando de nuevo el mando, le quitó los pantalones rápidamente y lo que quedaba de su ropa interior, la miró a los ojos y ella asintió, siempre pedía permiso antes, Aidan era un caballero aunque pareciera peligroso y por eso a sus padres no le gustara, aparte de que también conllevara el hecho de que tenía 26 años.
Artaith estaba asomada en su balcón, observando el Mar Común, allí estaba Wander, su hipocampo, jugando con un par de ondinas que habían salido de su lago, las ondinas entonaban una canción alrededor de él como si estuvieran jugando al coro de las patatas y Wander relinchaba divertido.
La chica sintió unos firmes brazos rodeándole por detrás, ella solo tenía una fina manta cubriendo su cuerpo, Aidan ya se había vestido, el chico besó la nuca de ella haciéndo que se le erizara el cabello. Tenía que decírselo, antes de que él se enterara por otra persona tenía que decírselo.
-Aidan… ¿Qué haces en Aqua? Te deje un mensaje de que anoche se lo diría a mis padres…
-Lo sé, pero eso quería estar contigo hoy.
-No se lo han tomado muy bien, te odian prácticamente.
-No me importa lo que piensen tus padres, te quiero y eso es lo que importa Artaith…
-Sabes que no me gusta desobedecer a mis padres Aidan…
El chico comenzó a saber por qué camino iba la conversación, se estaba enfadando, su cuerpo se iba volviendo rojizo poco a poco y esta vez por una situación muy diferente a la de antes. Artaith bajó la cabeza.
-¡No te voy a dejar!¡No porque tus padres quieran!-gritó el chico sin importarle que pudieran escucharlo.
-Voy al volver al campamento…
Aidan odiaba ese campamento y nunca le había dicho por qué, siempre lo había mantenido en secreto y no le hacía gracia que ella fuera a él solo porque le gustaba o más bien, porque sus padres la mandaban.
-¿Otra vez?
-Puedes venir a verme…
-No Artaith, estoy harto de que hagas siempre lo que dicen tus padres, ya no eres una niña, está bien, vuelve al puto campamento, hazle caso a tus papis y olvídate de mí, ¿Soy peligroso no?-el chico silbó fuertemente y a los pocos segundos un gran dragón rojo se plantó ante ellos, el chico pegó un salto y se montó encima de él.
-Aidan, espera…
-Dime que me quieres, dime que me quieres aunque tus padres no me quieran para ti y me quedaré…-La chica se lo pensó un rato…no podía desobedecer a sus padres, ya le había defraudado bastante la noche anterior, así que bajó la cabeza mientras que una lagrima recorría su mejilla-Perfecto, pásatelo bien el campamento S.
El dragón comenzó a mover sus alas como si también estuviera furioso, como si Aidan se lo hubiera transmitido a él y desapareció en el cielo en cuestión de segundos.
¿Y si Aidan tenía razón? Cada vez perdía más cosas por culpa de hacer siempre lo que decían sus padres…por ser una niña buena, ¿y si dejaba de serlo? ¿Y si comenzaba a tomar sus propias decisiones? Quería a sus padres, y no dejaría de hacerlo, pero necesitaba crecer de una vez por todas.
Se dirigió hacía su armario y cogió un vestido negro roto por ella para que fuera más de su estilo y por primera vez desobedeció a sus padres, se dirigió al balcón y saltó la barandilla cayendo al mar común, bastante profundo por esa zona, a los pocos segundos Wander se encontraba ante ella debajo del agua, comenzaba a necesitar el aire así que dejó salir sus branquias y después de decirle a su hipocampo con la mirada que no lo necesitaba y no se preocupara dejo salir también su especie de cola, comenzó a nadar lo más rápido que pudo hacía el lago de las sirenas, cuando llego se sentó en una de las rocas y una con el pelo morado se acercó hacia la chica cogiéndole de la mano, eso en su idioma era como ’’¿Qué ocurre?’’. Artaith se encogió de hombros, no quería dar explicaciones, solo quería pasar el tiempo con ellas, con la única que la entendían, con las sirenas, estas comenzaron a emitir un precioso canto y Artaith cerró los ojos para relajarse mientras que cantaban para ella.
``Te espero esta noche en el bosque al lado del lago de los sealkies, tenemos que hablar’’
Aidan le había mandado ese mensaje después de comer, así que después de convencer a sus padres de que solo iría a pasar rato con estas criaturas y que había cortado con Aidan la dejaron. Seguramente porque en realidad la mimaban tanto que no podían soportar ver a su hija encerrada, seguramente porque no sabían que esa mañana se había acostado con un chico para luego cortar con él y seguramente porque no sabían que después de cortar con él le había desobedecido saliendo de casa.
Se encontraba sentaba haciendo volar unas hojas utilizando el elemento del aire, no sabía hacer mucho más, pero todo era cuestión de aprender, las hojas de repente comenzaron a arder en el aire, Aidan había llegado…
La chica levantó el rostro y lo vio, tan apuesto como siempre, el chico tenía las manos metidas en los bolsillos después de haber quemado las hojas.
-¿Por qué querías hablar conmigo?-preguntó Artaith enfadada-esta mañana me has dejado claro que si elijo a los demás antes que a ti me mandas a la mierda…-Aidan se rió.
-S…S…Puede que no me guste que vayas a ese campamento y puede que odie que dependas de tus padres y puede que para dejar de discutir lo mejor sea que no sigamos juntos pero…no solo eras mi novia ¿Recuerdas? Una vez lo dijimos.
-Mi amigo…mi cómplice…mi novio-Artaith recordó las palabras que dijo cuando empezaron a salir, pusieron la amistad por encima de su relación-eso quiere decir que…
-¿Amigos?
-¿En serio?-Aidan asintió.-voy a ir a ese campamento sí o sí, y lo de mis padres…ya veremos.-Aidan asintió estando de acuerdo.-Amigos.
Los dos cómplices se rieron y se fundieron en un abrazo, lo que ellos no sabían era que si quienes fueron amantes hoy en día son amigos, o es que siguen enamorados o es que nunca lo estuvieron.
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