-Artaith querida ¿estás listas?-La madre de la chica entró en la habitación sin llamar.
-Sí, mamá, ¿Qué tal estoy?-Artaith dio una vuelva sobre sí misma.
Llevaba un vestido amarillo ajustado, unos guantes por encima del codo del mismo color y unos tacones negros al igual que la rebeca que llevaba de manga corta en la parte de arriba, su madre miró con mala cara esta última prenda.
-¿No crees que estarías mejor sin rebeca? O mejor ¿Por qué no te pones la blanca?
-No mamá, me he puesto el vestido que tú me has comprado y me gusta el negro así que tengo que llevarlo sí o sí.
-Está bien…anda vamos, nos están esperando abajo, hay personas de todas las regiones.
-Espera, la máscara-Artaith cogió su máscara amarilla decorada como si fuera una mariposa y salió con su madre de la habitación.
Este tipo de fiestas no le gustaba a la muchacha de catorce años, era totalmente tímida y le costaba mucho relacionarse con las personas así que solo asistía por sus padres, porque creían que era lo correcto, pero estaba segura que si estos la dejaran se pasaría toda la noche en su habitación leyendo libros de amor mientras escucha música o pasaría la noche en el lago de las sirenas, siempre le había gustado estar con ellas. Al menos en esta fiesta podía ocultar parte de su rostro por ser un baile de máscaras.
En el salón las personas se iban mezclando entre seres de regiones diferente, algunas sin saber con quién se estaban relacionando en realidad ya que sus rostros quedaban ocultos, un chico de 21 años estaba hablando con Matthew Sewate, el hombre que había organizado esa fiesta.
-Sí, conocí a tus padres, lamento mucho su pérdida Aidan.
Pero el chico dejó de escuchar cuando sus ojos se centraron en quien estaba bajando la gran escalinata que había en ese salón donde estaban todos reunidos con música clásica de fondo, por ella descendía Claire Sewate, la mujer de Matthew, pero la chica que estaba al lado no la conocía y era una de las más bellas que había visto en su vida, como si acabara de salir del lago de esas criaturas donde con solo cantar te hipnotizaban, ¿sería la hija de los Sewate? a ellos los había visto y los conocía de un par de veces que habían ido a la región del fuego a alguna fiesta donde él había asistido en representación de sus padres, desde que había cumplido 18 años hacía la función de sus padres muertos cuando él solo tenía 7, desde entonces había pasado toda su vida en casa de sus tíos a los que odiaba y en cuanto tuvo la mayoría de edad se fue de la casa de estos buscándose su vida como pudo.
-¿Chico te encuentras bien?-Matthew le puso una de sus manos en el hombro.
-Sí señor, no se preocupe, algo ha llamado mi atención.
La mujer junto con la chica se acercaban hacía ellos, Aidan poso sus ojos en ella, sería una chica de las que últimamente se llevaba a la cama y no la volvía a llamar nunca más, ni siquiera recordaba el nombre de muchas de ellas, ¿de verdad lo sería? No, se dio cuenta cuando ella lo miro, tenía unos ojos preciosos, nunca trataría a esa princesa como una cualquiera.
-Matthew cariño, ya estamos-Claire le dedico una bonita sonrisa a su marido y cuando este se giró contemplo a su hija.
-Artaith cariño estas preciosa-la chica se sonrojó y sonriendo bajó la mirada.-Claire, recuerdas a Aidan ¿Verdad?
-Como olvidarlo.-Claire intentó sonreírle, pero es obvio el desagrado que sentía hacia ese chico, su fama era conocida, mujeriego y mete bocas que cada dos por tres estaba metido en una pelea, no, no le gustaba ese chico para nada y cuando antes se quitara de su vista mejor.
-Artaith este es Aidan Fuecourt-La chica lo miró con timidez, Aidan cogió su mano y le dio un tierno beso en ella, Artaith se sonrojó aún más si cabía, para colmo lo único que vio de ese chico la había dejado medio anonadada, sus ojos eran preciosos.
-Artaith cariño, ven, vamos a tomar algo.
Claire paró esa escena llevándose a su hija lejos de ese chico, se había dado cuenta de cómo él la estaba mirando y no estaba dispuesta a dejar que su pequeña de tan solo 14 años cayera en las manos de un mujeriego que le rompería el corazón. Se dirigieron hacía la mesa donde estaban unos aperitivos puestos y Artaith cogió un trozó de caviar, su madre le miró con una sonrisa.
-Voy a seguir saludando a los invitados hija, ¿te importa si te dejo sola?
La chica negó con una sonrisa, ya estaba acostumbrada a quedarse sola en esas fiestas así que no le importaba.
Claire le dio un beso a su hija en la mejilla y se fue acercando hacia donde estaba su marido hablando con uno de los matrimonios más conocidos de la región de tierra, pasó por al lado de Aidan, el chico le sonrió seductoramente, como si estuviera burlándose de la mujer, el chico conocía que prácticamente lo odiaba y encima hacía lo posible porque ese odio fuera hacia más, la mujer lo ignoró completamente para seguir su camino.
Aidan se fijo en Artaith, estaba en la mesa de aperitivos viendo cual sería su próximo bocado, Aidan se arregló su traje y comenzó acercarse a ella, la cogió por los brazos pillándola desprevenida y haciendo que se sobresaltase pero no intento soltarse, pegó sus labios a su oído.
-¿No le enseñan a las criaturas como tú que no deben de salir de su lago porque son peligrosas?-la verdad que ni siquiera había pensado lo que había dicho, lo había soltado y punto.
-¿Cri-criatura como yo?-si ya de por si la chica era tímida que un chico al que no conocía la asaltara así no ayudaba para nada.
-Sirena, bella criatura de los mares que cautivan con su belleza sobrenatural y sus hermosos cantos…
La liberó y Artaith se dio la vuelta para ver quién era el que la estaba seduciendo, ¿sabría que solo tenía 14 años? Se fijo en los ojos del chico, los mimos que antes, el tal Aidan la acorraló contra la mesa disimuladamente.
-No soy una sirena-¿no soy una sirena? ¿Eso es lo que se te ocurre decir? Pensó la chica, pensaría que era tonta o algo pero sin embargo el chico se rió mientras que comenzaba una nueva canción.
-¿Me concede este baile señorita Sewate?-el chico le tendió su mano y Artaith la miró.
-No creo que sea adecuado…no te conozco.
-Yo tampoco a ti y aquí estoy arriesgándome, ¿quién me dice que no me vas a ahogar con tu elemento?-las perspicacia del chico hizo sonreír a Artaith, era extraño, estaba cómoda con él, como si lo conociera de toda la vida.
Cogió la mano de Aidan y este con una sonrisa que derretía hasta a la más dura la llevó al centro del salón mientras que comenzaban a bailar pegados, las manos del chico en la cintura de ella hacía que la respiración de la chica se acelerara, sus labios eran de los más tentadores y su mirada de lo más atrayente.
-¿Estás segura que no eres una sirena?
-¿Estás seguro de que quieres seguir bailando con una niña de 14 años?
La sorpresa pasó por Aidan, aparentaba mucho más de lo que tenía, todo el mundo estaría cuchicheando ahora sobre ellos, el famoso mujeriego Aidan Fuecourt, un chico de 21 años bailando con la hija del anfitrión de la casa de solo 14 años.
-Sí, estoy seguro.
2 años después…
-Si mis padres descubren que he pasado toda la noche contigo me matan-comentó Artaith con una sonrisa.-Bueno, en realidad, me matarían si se enteraran de que he pasado la mayor parte de mis días contigo.
-S, ¿no te cansas de hacer siempre lo que dicen tus padres?- preguntó el chico apoyándose en la esquina, al doblar la próxima se encontraba el castillo de Aqua, el hogar de la chica.
-Aidan, ¿no te cansas de saltarte siempre las normas?
-empate-sonrió Aidan.-¿nos vemos mañana a la misma hora?
-¿otra vez? Creo que mis padres van a dejar de creerse que voy a cuidar a los sealkies.
-Por favor S…te daré una vuelta en Granger-ese era su dragón, el que siempre usaba para ir a verla.
-Aidan creo que podrás sobrevivir un día sin mi ¿no crees? Desde que nos conocimos en esa fiesta que monto mi padre hace dos años no hemos pasado un día separados ¿te has dando cuenta?
-Ya sé que no puedes vivir sin mí.
Artaith abrió la boca y le dio un pequeño puñetazo en el estómago al muchacho, él se rió y antes de que pudiera darle otro la cogió por las manos, se quedaron mirándose a los ojos un rato.
-Gracias…-dijo Artaith.
-¿a qué viene eso?
-A que tú me has apoyado cuando nadie más lo ha hecho, cuando me he enfadado con mis padres ahí estabas tú, cuando las chicas del instituto me miraban mal por mi estilo ahí estabas tú para decirme que era genial, cuando estaba enferma ahí estabas tú colandote en mi habitación de madrugada para cuidarme...si no hubiera sido por ti…
-Oh, vamos, S ¿Te vas a poner ñoña ahora?-En realidad solo había dicho eso para seguir fiel a sus principios aunque le encantaba oír como la chica había llegado a ser lo que era hoy en parte por él.
Una fantástica chica delicada de melena corta, aunque siempre lo había querido largo, ya le crecería, ojos preciosos y que la tenía loco desde que bajo las escalinata de su casa y ella no lo sabía, ella no sabía que si decía que la llevara al fin del mundo la llevaría.
-Vale, ya paro…voy a entrar en casa antes de que mis padres llame a los guardias… ¿hasta mañana?-preguntó la chica.
-Hasta mañana-asintió el chico.
Artaith le dio un beso en la mejilla y comenzó a dirigirse hacia el castillo, Aidan observaba cada uno de sus movimientos, se había puesto impresionante, ya no era la niña de 14 años que había sido su amiga, ahora era casi una mujer hecha y derecha, ¿la iba a dejar escapar esa noche de nuevo? ¿Iba a desaprovechar de nuevo la oportunidad como noche tras noche? No, a él no le importaba la edad, le daba igual lo que pensaran los demás, la quería y punto así que dando grandes zancadas la cogió por el brazo y la volteó y sin darle tiempo a que ella reaccionara poso sus labios sobre los de ella, mientras que esperaba que le diera el guantazo de su vida para su sorpresa la chica le envolvió el cuello con sus brazos y él al ver que no se retiraba la besó con más pasión si cabía envolviéndola con sus brazos por la cintura, las mariposas que había sentido desde la primera vez que vio a una niña aumentaron revolviéndole el estómago, revoloteaban dentro de él sin parar, nunca había experimentado nada igual, Artaith era especial en todos los sentidos.
La chica se separo resignada, estaba claro que no quería pero era como si se acabara de acordar de algo.
-Tienes 23 años…
-y tú 16, sabemos nuestras edades, perfecto-el chico iba a besarla otra vez pero ella retiro su rostro.
-Siete años Aidan…soy una niña.
-No lo eres, no me importa la edad, demasiado he esperado ya porque si por mí fuera te hubiera besado en el baile de máscaras, pero ahí sí que eras una niña.
-Mi amigo…mi cómplice… ¿mi novio?- el chico se rió ante las palabras de la chica y la beso de nuevo, esta vez más relajado, sintiendo cada centímetro de sus labios y acariciando su cintura por encima del vestido que llevaba, ya era suya, no la iba a dejar escapar, le pertenecía, su sirena le pertenecía, porque lo que ella no sabía es que en realidad no le llamaba S por su apellido, si no por la palabra sirena, porque para él era una, era la suya…
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