Viento al atardecer

2 meses antes...



Se levantó de la cama muy sigilosamente. Miró el reloj. Eran las 5 y media de la mañana. Estaba desnuda, y se fue vistiendo a medida que encontraba su ropa por diferentes partes de la habitación. No se puso los zapatos, pues aún tenía que andar hasta la puerta y no quería despertar al chico moreno que dormía en la misma cama de la que ella se acababa de levantar. Fue al cuarto de baño para peinarse un poco, aunque fue complicado con la luz apagada. Una vez tuvo todo recogido, se quedó mirando al chico que dormía plácidamente. Sí, había sido una buena noche.
Salió a la calle que se encontraba desértica, ¿quién saldría un Sábado a las 6 menos cuarto de la mañana a dar un paseo? Se sorprendió al cruzarse con un chico que parecía un poco mayor que ella. Era rubio y caminaba lentamente, como si no tuviera prisa. Pero ella si la tenía, por lo que que aceleró el paso. La niebla estaba volviendo y soplaba una suave brisa. Todas las tiendas y los bares, estaban cerrados, menos una cafetería. No se sorprendió de verla abierta, ya había estado antes a la misma hora la semana pasada, y la anterior, y la anterior...
Al entrar no había nadie detrás de la barra, pero se escuchaba ruido en la cocina. En la encimera había un café, que parecía bastante caliente. Se sentó en un taburete, abrió el sobre de azúcar, lo vertió en el café y lo removió bien. Le pegó un sorbo al café. Quemaba, pero era lo que necesitaba ahora, despejarse. De la cocina salió una chica joven con una bolsa de pan.
- Me estaba preguntando ya cuándo vendrías.
- Me he quedado dormida, estaba cansadísima.
- Pues sí que ha tenido que ser una buena noche ¿no?
Ella no respondió. Se limitó a esbozar una sonrisa y darle otro sorbo al café. Miró el reloj de nuevo. Tenía poco tiempo. Se terminó el cafe y se dirigió detrás de la barra, donde Keyla estaba cortando pan para hacer tostadas. 
- ¿Dónde la has puesto Keyla?
- Debajo de la caja registradora. 
Miró donde le había indicado y allí encontró la mochila que le había dejado el día anterior. Se metió en el cuarto de baño. Si bien la chica que había entrado en el cuarto de baño llevaba una falda corta, unas medias de rejilla, unas botas, una camiseta semi-transparente y maquillaje de fiesta, la que salió era totalmente diferente. Se había lavado la cara, puesto unos pitillos vaqueros, botines y una sudadera. 
- ¿Qué tal? -dijo levantando los brazos y dando una vuelta sobre si misma.
- Si quieres que te diga que parece que no has salido de fiesta y que no has tenido una noche alocada, entonces sí. Parece que te has quedado toda la noche estudiando como creen tus padres.
- Perfecto. -comenzó a guardar su anterior vestuario en la mochila.
- Un día te van a pillar, Aura.
Pero ella no la escuchó. Terminó de guardar la ropa y miró de nuevo el reloj. Las 6 y cuarto.
- ¡Maldición! Joder, joder, llego tarde. -se despidió de Keyla con un rápido beso en la mejilla.- ¡hasta la semana que viene!


Corrió por las calles de la Ciudad de los 4 Vientos, intentando que nadie la viera, pues ya había algunas personas mayores fuera de sus casas. La niebla, que empezaba a espesar, hizo posible su objetivo. Lo malo es que tenía que avanzar cuesta arriba, pues su casa se encontraba en la parte más alta de la ciudad. Notaba como el viento iba aumentado a medida que se acercaba a su casa. Se encontraba ante el castillo de la Ciudad de los 4 Vientos. Bueno, más que un castillo era una mansión, pero poseía torres muy altas que recordaban a un castillo. Ahora tenía entrar. Lo bueno es que no había guardias vigilando el castillo, ni fosos ni cosas de esas que Aura leía en los cuentos de pequeña. Aún así prefería no entrar por la puerta principal. Se aseguró de que no había nadie por los alrededores, no le gustaba que la vieran así. Cerró los ojos para concentrarse y al abrirlos, por su sombra pudo ver que sus alas estaban al descubierto. Se elevó con un salto y se dirigió hacía una de las torres más altas de la mansión. Se posó en el balcón y empujó la puerta. Estaba abierta, como la había dejado el día anterior. Una vez dentro, las alas desaparecieron. Escondió la mochila con la ropa debajo de la cama, cogió unos cuantos libros y los dejó abiertos en la mesa. Deshizo la cama, y dejo el pijama tirado encima de ella. Luego se sentó en la mesa, sacó un rotulador y comenzó a subrayar aleatoriamente. Sabía que no tenía que esperar mucho, y así fue, porque al poco rato alguien llamó a la puerta.
- Adelante.
Una mujer, que podría rondar los cuarenta años, entró en el cuarto. La miró con dulzura.
- Cariño, es muy temprano ¿por qué todos los Sábados te despiertas a estas horas?
- Los estudios mamá, si aprovecho bien la mañana, tengo la tarde libre.
- Esta bien -sonrió.- el desayuno estará listo en un rato, baja cuando quieras.
- Vale mamá.
Y salió del cuarto. Cuando Aura se aseguró de que no iba a volver, se levantó del escritorio y se tiró en la cama. Estaba cansadísima, aunque el café le había dado fuerza suficiente. Recibió un mensaje en el móvil. "Buenos días pequeña, me encantó la noche que pasamos ¿cuándo podrá repetirse? Besos preciosa."  Leyó el mensaje un par de veces más y luego lo borró. Esa noche nunca podrá repetirse. Había sido bastante buena dándole su verdadero número de teléfono. Miró su agenda hasta que encontró el nombre que buscaba. Envió un mensaje. "Tengo la tarde libre ¿dónde siempre? besos"  No tuvo que esperar mucho tiempo la respuesta. Sonriendo, se puso la ropa que había llevado antes y bajó a desayunar. Una vez abajo su madre le tenía preparado un vaso de leche y unas tostadas. Desayunó deprisa, pues quería echarse un rato. Eran las 9 de la mañana, muy temprano, pero así tendría unas 4 horas antes de la comida. Había terminado y quería dormir cuanto antes.
- Aura -la llamó su madre.
- ¿Sí? 
- Dom me ha llamado hace un rato. Ha tenido un improvisto, y se quedará en la Región de Fuego unos días más.
- Pues que pena -dijo ella mostrando todo lo que contrario a lo que decía.
- Más respeto Aura, que es tu padre.
- ¡Já! -Aura soltó una fuerte carcajada.- ¿Mi padre? Dom no es mi padre. ¡Ni siquiera es un ser de aire! No se porque te casaste con él.
- ¡Aura!
- Cuando se quede con todo el dinero de mi padre, podré decirte: "Te lo advertí". Estoy esperando ese momento, de verdad. ¿Que se queda en la Región de las llamitas más tiempo? ¡Genial! Ojalá no vuelva.
- Sube a tu cuarto, estás castigada. 
- Si, genial. Paso.
Aura subió a su cuarto y cerró la puerta de un portazo. Se tumbó en la cama y suspiró. Dom, Dom, Dom. Su madre nunca hablaba de otra cosa. Hacía 10 años que se había muerto su padre, es verdad que era muchísimo tiempo, pero nunca perdonará a su madre el hecho de que parecía que había olvidado por completo a su padre. Se puso los cascos y busco en su reproductor. No quería pensar en nada, no quería preocuparse por nada. Empezaron a sonar canciones de Hard Rock, una tras otra. Aura cerró los ojos. Su madre calificaba esa música como ruido, pero a ella la tranquilizaba. "Aprovecha el día o muere arrepintiéndote de el tiempo que perdiste."   Decía la canción que estaba escuchando en ese momento. Aprovechar el día. Estaba claro que aunque su madre la hubiera castigado, no se iba a quedar todo el día en su casa.


Estaba de pie en el balcón de su cuarto. Sus alas estaban desplegadas. Miró una vez más para atrás, y luego, emprendió el vuelo. No se sintió culpable por desobedecer a su madre. Nunca se sentía culpable por ello. El viento soplaba fuerte lo que dificultaba el vuelo, pero a Aura no le importaba, es más, le encantaba sentir el viento en su piel. Había muchos más seres de aire surcando el cielo, pero ella se limitó a volar lejos de esas personas. Pronto llegó al lugar en el que había quedado. Era una explanada a las afueras de la ciudad, cerca del bosque. Allí ya la estaba esperando ella.
- ¡Kayla! -dijo abrazándola. 
- ¿Cuál es el plan de hoy? -dijo ella correspondiendo al abrazo.
- No lo se, mi madre me ha castigado, así que mejor nos alejamos del pueblo...
- ¿Cómo? Aysh Au, no me digas que te han pillado volviendo del café.
- No no, solo le he dicho que Dom solo quiere el dinero de nuestra familia. No se por qué se lo toma tan mal.
- Nunca vas a cambiar.
Aura se limitó a sonreír. Observó los árboles, hoy el viento soplaba más fuerte de lo habitual.
- Oye Kayla, ¿qué te parece si vamos al acantilado del Norte?
- ¿Bromeas? Ahí el viento sopla demasiado fuerte como para volar bien.
- Veeeenga Kay -suplicó.- y te cuento la noche que he pasado con Jey. 
- ¿¡Jey!? ¡Oh dios mío Au! ¡¿Te has tirado al buenorro de Jey?!
- ¡Ssssh sssh! ¡Keyla! No lo grites. ¿Me acompañas entonces?
- Claro.
Las dos chicas alzaron el vuelo en dirección norte. Aura no tenía muchas amigas. Bueno, Kayla era la única amiga que tenía. Y eso que hacía poco que la conocía. Al principio, cuando no tenía los hábitos nocturnos que tenía ahora, solía buscar un lugar tranquilo en la ciudad para despejarse. Aquella cafetería resultó ser ese lugar. Tiene sillones muy cómodos y Aura solía ir más de una vez a la semana para tomar un chocolate y leer. Así conoció a Kayla. Sus padres eran los dueños de ese lugar y Kayla trabaja como camarera. Un día Aura estaba leyendo un libro y Kayla le trajo el chocolate que había pedido. Resulta que el libro que estaba leyendo Aura era el mismo que Kayla estaba leyendo. Se pasaron la tarde hablando, y después de esa tarde vinieron muchas otras. Luego Aura se tuvo que ir a un campamento lejos. Se echaron mucho de menos, pero hacía ya dos meses que había vuelto. Sin embargo, Kayla había notado muy diferente a Aura. Siempre había sido un poco rebelde, pero desde su vuelta del campamento, salía todos los Viernes y nunca dormía en su casa. Solía dormir en casas de chicos, lo preocupante es que nunca era el mismo. 
El viento soplaba cada vez más fuerte y las chicas tenían dificultad para volar. Pararon antes de llegar a su destino, aunque tampoco estaban tan lejos. Se sentaron en unas rocas para hablar.
- ¡Me encanta el viento! -gritó Aura.
- No me cambies el tema pillina y cuéntame como has acabado en la cama del tío más bueno del instituto.
Aura rió.
- Me lo encontré en un pub. La falda corta y la camiseta semi-transparente funcionaron. Contaba con la ventaja de que él no sabía quien era yo, pero yo si sabía quien era él.
- Normal, en el instituto se cotillea hasta que come cada día.
- Y tú me lo cotilleas a mi, eso es lo bueno. Pues nada, hablamos, bebimos, bailamos, bebimos más... luego nos fuimos del pub y más tarde se fue la ropa...
Ambas rieron. 
- ¿Y crees que podrías tener algo serio con él? -preguntó Kayla después de una pausa.
- ¿Bromeas? Ese tipo tiene un único amor: él. Y luego su reflejo en el espejo.
- Au, es que llevas una temporada que no se, podrías centrarte...
- ¿Para qué? Todos los tíos son unos capullos. 
Kayla sabía que con la frase "Todos los tíos son unos capullos" se refería a que Dahn era un capullo. Recuerda  a Dahn. Estuvo saliendo con Aura, lo sabía porque ella hablaba mucho de él al principio. Fue el motivo por el que decidió ir al campamento, para alejarse de la Región y todo lo que le recordase a él. Descubrir que te ponen los cuernos, no es muy agradable. Aura estuvo mal mucho tiempo y sus únicos consuelos eran Kayla y los libros. Ahora parecía haberlo superado, pero Kayla no veía bien sus nuevos comportamientos hacía los chicos. 
- ¿Cómo te va con Shail? -Aura pudo ver el triste rostro de su amiga y decidió cambiar de tema.
- Bien -respondió Kayla recuperando la sonrisa.- últimamente se pasa más por el café, pero he preguntado y resulta que solo aparece cuando estoy yo de turno.
- ¡Lo tienes loquito Kay!
- Bueno, todo se verá...
En ese instante sonó un móvil. Kayla respondió, y la sonrisa que le había producido el hablar de Shail antes se esfumó. Al colgar miró con cara triste a su amiga.
- Tengo que irme al café. Mi madre tiene fiebre y tengo que cubrirla. ¿Te acompaño a casa?
- No, me voy a quedar un rato más.
- Como quieras.
Aura observó como Kayla se perdía entre las nubes. Rato después, ella también alzó el vuelo, pero hacía otra dirección. Le costó muchísimo llegar, pero por fin estuvo en el acantilado. Caminó hasta el borde y miró hacía el horizonte. Amaba el atardecer. Le parecía la cosa más bella que había visto en su vida. Sonrió. Se olvidó de Kayla, de su madre, de Dahn, de todo. 
Pulsa en este botón Ayudanos a difundir la historia, pulsa si has leído, gracias.

0 comentarios:

Publicar un comentario